Modelo de atención

El Modelo que se propone sitúa en el centro, como núcleo del mismo, el respeto a la dignidad de la persona, considerando este valor como de carácter universal. Desde este punto de vista, la persona tiene en valor en si misma y no en base a circunstancias o a elementos internos o externos a ella.

Por lo tanto, nuestro Modelo debe orientarse en todo momento a preservar la dignidad de la persona atendida que, fruto de su discapacidad, enfermedad o exclusión, pierden parcial o totalmente su autonomía, es decir, su capacidad para tomar decisiones, elemento imprescindible en la configuración de la dignidad.

Este Modelo, así definido, incorpora los elementos de gestión necesarios para su desarrollo y, además, lleva implícita la “presencia” de la Identidad de la Orden Hospitalaria; la Hospitalidad como metavalor, que incluye el respeto, la calidad, la responsabilidad y la espiritualidad como valores principales. La gestión excelente derivada de la aplicación de una manera de hacer las cosas junto a la incorporación de las evidencias de esta Identidad es lo que llamamos Gestión Carismática .

El Modelo de Atención debe ser uno y único en la Provincia. No existen varios modelos de atención dependiendo del área de intervención a la que se le adjudique o dependiendo de las personas que lo administren, o incluso, de la persona asistida. En este sentido, el modelo es uno y debe ser conocido e interpretado por todos los centros en la Provincia. En si, debe ser aplicado en los diferentes ámbitos de atención desde un núcleo claro y compartido común en todos los centros. Es, también, único porque es diferente a otros modelos de atención, y esta unicidad se manifiesta desde la consideración de la persona asistida desde un punto de vista integral.

La integralidad, desde el punto de vista de nuestro Modelo de Atención, define varios aspectos:

  • Aspectos relacionados con la persona, es decir, debemos contemplar los aspectos biológicos, sociológicos y contextuales, familiares y espirituales.
  • Aspectos relacionados con la toma de decisiones, es decir, la decisión no tiene un componente único, sino que se nutre de todos los componentes de la gestión. Las decisiones se deben tomar, en cualquier ámbito de la atención, integrando los conceptos asistenciales/pedagógicos/sociales, los conceptos económicos, los de recursos humanos, los de las tecnologías de la información, etc..
  • Aspectos relacionados con el recorrido vital, por último, que hacen referencia a la necesidad de reconocer un continuum biográfico en la persona atendida. No atendemos a la persona en su momento de necesidad puntual, sino que aportamos el valor del acompañamiento y la hospitalidad en todo el proceso vital y en la necesidad.
Pero desde el punto de vista de las personas el reto que se plantea es el de “traducir” en acciones la misión de la organización, una opción de llevarla a cabo de una manera concreta y cómo los principios y valores de ésta se plasman en la realidad de cada profesional.
Para ello, este modelo centrado en la dignidad de la persona se sustenta en tres pilares fundamentales:
  • En primer lugar, el propio binomio paciente/familia, sus circunstancias, sus valores, sus expectativas y su entorno. Es necesario que reflexionemos sobre las necesidades de nuestros pacientes no sólo desde el concepto de receptor pasivo, sino desde la perspectiva de agente activo en ésta, que participa, que interactúa y que necesita agilidad de respuestas, seguridad y calidad en la atención, resultados y eficiencia. Nos estamos refiriendo a la atención directa hacia nuestros usuarios. Es el concepto de "atención al cliente" desde el punto de partida de los valores éticos (principio de autonomía) y filosóficos (dignidad apriorística "per se").
  • En segundo lugar, el papel de los profesionales, que deben ser competentes para asumir su responsabilidad en sus ámbitos de decisión (binomio autonomía-responsabilidad), por lo que deben conocer la realidad que les rodea, en la que participamos activamente y que tienen que asumir. Es responsabilidad de todos tener presente las mejores evidencias para tomar las decisiones adecuadas y, para ello, debemos garantizar la competencia y formación necesarias, el acceso a la información y diseñar entornos de trabajo que faciliten el mejor desempeño evaluable.
  • En tercer lugar, y por último, la necesaria evaluación de nuestras acciones y resultados. Sin conocer lo que hacemos, cómo lo hacemos y los resultados que obtenemos no podemos mejorar e implantar nuevas acciones. Es nuestra responsabilidad tomar decisiones en base al conocimiento de nuestra realidad y de nuestros resultados en todos los ámbitos que nos competen, desde el contacto directo con el paciente hasta las consecuencias y la repercusión que tienen nuestras decisiones en el conjunto de la sociedad (viabilidad financiera, desarrollo solidario…). Además, debemos ser capaces de compararnos y tomar iniciativas de mejora desde los conceptos de calidad y mejora continua.
A partir de cada uno de estos tres pilares del modelo se desgranan y explicitan en las líneas de desarrollo que se exponen a modo de herramientas de gestión que debemos aplicar para hacerlo realidad, englobando a todos los que formamos parte de cada centro.

Estas herramientas de gestión son las herramientas de trabajo compartido por todos los que componemos la Organización, y son las que deben ayudarnos a conseguir el mejor desarrollo e implantación del estilo institucional en nuestro quehacer diario para la consecución de la Misión. Por lo tanto, son comunes para todos los centros de la Organización con objeto de concretar y ayudar a cada centro a encontrar o poner en valor líneas de trabajo que mejoran el resultado final de nuestra actuación.

Las herramientas de gestión se asocian a uno o más de uno de los pilares anteriormente definidos dando cuenta, así, de la integralidad del modelo en el que la toma de decisiones está orientada desde una visión interprofesional.