Alteridad y empatía, aptitudes fundamentales de los profesionales que atienden a pacientes en la fase final de la vida

Fecha: 
28/04/2017 - 11:19
Categoria: 
General
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El área de Ética y Bioética de San Juan de Dios a través del coordinador del área, José María Galán, en el ‘I Congreso Internacional de Bioética en Ciencias de la Salud’ de la Universidad de Sevilla se ha focalizado en los cuidados al final de la vida y paliativos.

El coordinador de Ética y Bioética de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, José María Galán, ha participado en el I Congreso Internacional de Bioética en Ciencias de la Salud de la Universidad de Sevilla, celebrado los días 27 y 28 de abril, para abordar aspectos relacionados con la bioética en los cuidados paliativos o en la fase final de la vida de una persona.

Que la muerte forma parte de la vida es una información que cada individuo da por sentada. Sin embargo, llegado el momento de afrontar esta situación –bien porque se acerca el propio final, bien porque se acerca el de un ser querido- las personas carecen de herramientas para hacerlo de una manera humanizada que permita sostener el equilibrio emocional en esos momentos, porque no hay un entrenamiento ni un aprendizaje. Aquí, “el profesional ha de estar preparado para mediar en ese proceso, para que las personas no se vean desbordadas por el miedo, la angustia o la pena y se pueda encontrar un equilibrio emocional, porque nadie nos ha formado para afrontar humanamente nuestra muerte o la de un ser querido” apunta el coordinador de Bioética de San Juan de Dios.

José María Galán explica también que el paciente debe ser el protagonista de su proceso y, en muchas ocasiones, los familiares toman decisiones por él. “Los pacientes suelen conocer sus diagnósticos, pero no siempre sus pronósticos, más aún si son malos, como pronósticos de vida cortos, pues la familia decide como medida de protección no abordarlo con el enfermo. Esa desinformación influye en la toma de decisiones del paciente, porque no saber que estás al final de tu existencia te hace situarte de una manera ante la vida que sería diferente si lo supieras”.

Llegadas estas situaciones que se viven a diario en los centros hospitalarios, para los allegados al enfermo es muy difícil afrontar el proceso de pérdida, pues “es muy duro hablar de la muerte de un ser querido, aún más si lo hablamos con él. El hecho mismo de poner palabras a esta realidad supone un esfuerzo emocional muy grande, porque estamos reconociendo que vamos a separarnos de él, que el ser querido va a desaparecer de nuestra vida”.

Por ello, el experto en bioética señala que el contexto de cuidados donde se va a producir el final de la vida de un paciente requiere de unas aptitudes éticas por parte del profesional de la salud basadas en la alteridad, la empatía, en cuidar una serie de aspectos relacionales que van más allá de la pura toma de decisiones que responden a los principios de autonomía o justicia y que tiene que ver más con la vinculación del profesional con el paciente.

“Los profesionales de la salud debemos poner en valor todo aquello que va más allá de lo somático: los cuidados emocionales, psico-espirituales, religiosos y sociales”, explica Galán, que insiste en que el profesional no debe que aplicar directamente las medidas que considere oportunas, sino que debe conocer el mundo de necesidades en valores, creencias y criterios que tienen las personas. “Hay que estar atentos a lo que el paciente quiera, pero no solo a lo que le vamos a aplicar como tratamiento, sino al acompañamiento humano, psico-socio-espiritual y religioso que requieren los pacientes y su familia. Tenemos que ponernos en su piel, comprender la situación que está pasando, escuchar qué es lo que le está ocurriendo para abordar esa situación. Esta dimensión va más allá de lo puramente científico, técnico, biomédico y psicomático, y se sitúa en un ámbito existencial”.