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29/12/2017 - 10:54 General

La reforma de este centro de educación especial está siendo financiada, en gran parte, por las aportaciones de la sociedad grancanaria a la Obra Social de San Juan de Dios.

La Ciudad San Juan de Dios de Las Palmas de Gran Canaria está llevando a cabo la restructuración y mejora del Colegio de Educación Especial (CEE) para poder sacar todas las potenciales ventajas de su modelo asistencial en las condiciones de infraestructuras más adecuadas.

Los trabajos que se han llevado a cabo en el CEE de El Lasso han permitido remodelar el exterior pero, sobre todo, el interior de las aulas e instalaciones del centro. La primera fase ha implicado la remodelación de 600 metros cuadrados, incorporando mejoras como paneles móviles para  agrandar los espacios y hacerlos polivalentes, acceso directo desde las aulas a los baños para garantizar la supervisión de los alumnos o incluir una zona de comedor en el mismo espacio para reducir los tiempos de traslado. Además, se han colocado reguladores de la intensidad de la luz y para el control de la calidad del aire, lo que hace que el confort del aula aumente. También se han instalado anclajes en el techo para colgar elementos de apoyo que dan facilidad a los profesionales que trabajan bajo el concepto de Estimulación basal® de Andreas Frölich y con el método integración sensorial, entre otros.

La directora del colegio, Sabina Ramírez, explica que, “se hace necesario afrontar cambios en las estructuras físicas para potenciar el trabajo interdisciplinar, para que los alumnos se desenvuelvan con mayor autonomía y lograr que cada niño disfrute de un hábitat estimulante y seguro con recursos que potencien la interacción con el entorno”.

El Colegio de Educación Especial de la Orden en Las Palmas atiende a 150 niños, todos ellos con discapacidad intelectual. El 82 por ciento sufre problemas motóricos, es decir, que precisan de muchos apoyos para desplazarse y para realizar gran parte de las tareas manipulativas. También, en el mismo porcentaje, mantienen limitaciones funcionales en dos o más áreas del desarrollo. El 21 por ciento de estos alumnos padece, además, problemas sensoriales con dificultades para la percepción de su entorno y los peligros potenciales, lo que requiere de una infraestructura que garantice la seguridad física de todos.

Muchos usuarios del colegio son niños y jóvenes con importantes limitaciones funcionales derivadas de la discapacidad intelectual, sensorial, motora o producida por trastornos en el desarrollo, como pueden ser los trastornos del espectro autista (TEA). Estos alumnos pueden reaccionar mejor a estímulos sonoros o plásticos para abrirse a la relación y, por tanto, para aumentar su grado de integración en la comunidad.

“Conocemos, desde la individualidad, cómo son los niños que vienen a nuestros dispositivos. Y esto es fundamental, porque solo así podemos dar respuesta a las necesidades que plantean, cada uno de ellos y como grupo”, explica la directora gerente Rafaela Ariza. “Por eso –sigue- desde hace tiempo y atendiendo al modelo de atención integral que nos caracteriza a la Orden Hospitalaria, necesitábamos adecuar los espacios, no solo atendiendo a la educación para el desarrollo intelectual, sino también para el desarrollo funcional de nuestros niños, para el desarrollo emocional, fundamental para ellos, y para la inclusión de sus familias en el proceso educativo".

El centro se encuentra inmerso en una trasformación tanto de la infraestructura como del equipamiento, acordes a las necesidades de la población infantil y en consonancia con el modelo de atención, gracias, en parte, a las aportaciones y donaciones que la sociedad grancanaria realiza a la obra social de San Juan de Dios para que puedan seguir llevando a cabo la labor que realizan.

Un modelo de atención integral

En la Ciudad San Juan de Dios, concretamente en su CEE, los profesionales asistenciales y de la educación abordan el proceso educativo y de rehabilitación de los alumnos desde un punto de vista holístico, es decir, poniendo a la persona en el centro de la atención, de manera que, en base a sus particularidades, se le ofrecen apoyos a medida de sus necesidades, tanto en el entorno del centro como en el familiar, para favorecer así la máxima inclusión social.

“Para nosotros, el trabajo con un niño con discapacidad intelectual implica estar en contacto pleno con él. Debido a que muchos de nuestros chicos no usan el lenguaje verbal tal y como lo entendemos, hablamos de comunicación no verbal. Es entonces cuando entra en juego el universo sensorial de cada uno para que nos permitan hacer, siempre en función del vínculo que hayamos sido capaces de establecer”, explica Sabina. Para poder llevar a cabo este planteamiento de trabajo, participan de forma directa más de 70 profesionales en el colegio, que cuenta con 150 alumnos. Así, podemos conocerlos desde la profundidad y el detalle, analizar cuáles son los canales de comunicación más adecuados para interactuar con cada uno de ellos e intervenir con los recursos necesarios en cada caso”, explica Sabina Ramírez.

“Los trabajos de reforma y mejora de las aulas vienen motivados por la necesidad de incluir equipos que nos permitan trabajar la comunicación, aprovechando los recursos y herramientas que nos traen las Nuevas Tecnologías. Pero también porque en la concepción de la asistencia individualizada, existen condicionantes a la hora del uso que hacemos de los espacios”.

El centro destaca en este aspecto el papel de las Nuevas Tecnologías como apoyo a la comunicación. Disponen de un Aula de Diagnóstico en el que se valora y entrena en el uso del dispositivo más adecuado para cada niño. Con la experiencia, generaliza su uso en todos los entornos del centro, llegando a ser su sistema habitual para la comunicación. En una última fase, este dispositivo se integra en su entorno familiar, ofreciéndoles más posibilidades de participación social.

“Apostamos por un concepto de intervención globalizada que promueve la comunicación y el desarrollo, partiendo de las necesidades humanas básicas. No solo es importante la propuesta metodológica, sino la comprensión del posicionamiento de la persona afectada”, termina la directora del colegio.