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05/12/2018 - 09:19 General

En España, son más de 3.500 los voluntarios de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y hoy celebramos su día con el testimonio de Katie Winkler, una joven voluntaria de San Rafael, en Granada, que confía en transformar el mundo a través de esta labor generosa.


Cada día, miles de personas participan como voluntarios con sensibilidad hacia las necesidades y derechos de las personas en situación de vulnerabilidad, fomentando la reciprocidad, desarrollando redes de apoyo social y promoviendo el sentido de comunidad con un estilo y una forma de actuar, cuya base es la Hospitalidad.

El responsable de Voluntariado de la Provincia Bética de San Juan de Dios, Carlos Hernández, explica que “el modelo de participación y de voluntariado transformador por el que queremos apostar desde la Orden se ha de convertir en un proceso que contribuya a construirnos como sujetos con conciencia crítica, voluntad de cambio e intencionalidad para transformar. Para ello, todos los que formamos parte de la familia Hospitalaria necesitamos incorporar elementos que actúen como movilizadores y que refuercen la identidad y la causa común. Se trata de un cambio de visión, que pone el foco en el rol ciudadano de las personas voluntarias más que en la tarea que realiza, conectando la actividad del voluntariado con una propuesta de transformación más amplia y ambiciosa”.

Katie Winkler es una joven californiana de 25 años que llegó a Granada hace algunos meses para estudiar un máster sobre Paz, Conflictos y Derechos Humanos en la Universidad de la ciudad de la Alhambra. Se enamoró de Granada y de sus gentes y, desde mayo de este año, ha querido devolver el cariño que le brindan los granadinos haciendo un voluntariado en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

“Para ser sincera, empecé en esto del voluntariado para cumplir con las prácticas de mis estudios aquí, en Granada. Sin embargo, completé ese período y seguí adelante con el voluntariado porque lo disfruto” explica Katie, que admite que el ejercer como voluntaria responde a motivaciones muy satisfactorias. “La respuesta cliché sería decir que esta labor me da más a mí que a quienes ayudo. Sin embargo, es mucho más que eso: me da sentido de comunidad por todo el mundo a quien conozco en mi tiempo como voluntaria. Adoro las conversaciones que tengo con todos en la Obra Social de San Juan de Dios, los voluntarios, las personas a las que ayudamos. Todos compartimos las vidas y las experiencias, y eso es increíble. Difunde amor y el amor seguirá difundiéndose, incluso si es una cantidad de amor minúscula”, relata.

Esta norteamericana afincada en Andalucía, que presta apoyo en la ropería del Hospital San Rafael y en todo aquello que su coordinadora de voluntariado le solicite, es un claro ejemplo del valor de la figura del voluntario, cuyo día se celebra el 5 de diciembre, para hacer visible el altruismo y la solidaridad que muchas personas ponen al servicio de otras personas que necesitan ayuda.

Para Katie, celebrar el día de hoy es importante porque, para ella, “ayudar, sea cual sea la forma de esa ayuda, es maravillos; pero al entrar en el mundo del voluntariado es cuando he podido conocer a las personas a quien se destina esa ayuda, las ves, hablas con ellas, sabes quiénes y cómo son, intercambiamos las experiencias vividas, bromeamos, sabes cómo evoluciona su semana… Es decir, hacemos algo humano, sin juzgar a nadie, observando como todas las personas somos iguales. Y es cuando te das cuenta de que esta labor merece la pena”.

La implicación con el sufrimiento humano se desarrolla y crece en los voluntarios. “Mirar para otro lado puede ser más fácil cuando nunca has mirado a los ojos a las personas que están pidiendo para comer, cuando no has hablado nunca con ellas” –explica- “pero cuando los conoces a ellos, a sus familias, cuando sabes sus historias, descubres que la vida puede ser muy dura e injusta y que no todos tenemos privilegios como tener comida en nuestra despensa o ropa en nuestros armarios. Por eso ya no se puede mirar hacia otro lado”.

Katie se deslumbró al ver la labor de los muchos voluntarios que, desde el Hospital  San Rafael, ponen su granito de arena para hacer de este un mundo más justo y confortable para todos. “Es impresionante conocer el trabajo de los voluntarios que llevan allí un montón de años, dedicando su tiempo a los demás. Los admiro muchísimo”.

El respeto por las personas, “por la salud del planeta”, admite, es indispensable en su escala de valores pues, como explica, “algo que también me encanta es que aunque San Juan de Dios es una institución católica, abre las puertas a todo el mundo, siendo completamente integradora, atendiendo a todas las personas con necesidad. Recuerdo haber estado en el Comedor Social y empacar, junto con el resto de voluntarios, los almuerzos para que las personas musulmanas se llevaran a casa la comida y pudieran comer cuando se pusiera el sol durante el Ramadán. Solo pensé: esto es maravilloso”.

Los planes de futuro para esta joven estudiante americana están aún por definirse. Admite que en su tierra, en California, hay mucho trabajo por hacer con las personas sin hogar y con la comunidad de trabajadores inmigrantes. “Si vuelvo, espero trabajar para ayudar a esas personas. Mientras tanto, continuaré mi labor aquí en Granada, en San Juan de Dios”.