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20/08/2019 - 08:26 General

La logopeda del Hospital San Juan de Dios de Tenerife Miryam Mederos indica la necesidad de acudir a la consulta de un logopeda si a partir de los 4 años de edad un niño no ha superado naturalmente determinadas problemas articulatorios en el habla a la hora de reproducir determinados fonemas.

La dislalia es una patología que se manifiesta con dificultades en la articulación del habla por omisión, sustitución o distorsión de determinados sonidos o fonemas y es uno de los motivos más frecuentes por lo que los padres acuden a la consulta de un logopeda con sus hijos, pues puede aparecer tanto en el lenguaje espontáneo, inducido o de repetición, esto es, “no por mucho que el padre intente que se repita un fonema determinado va a conseguir que el niño lo reproduzca con corrección”, explica Mederos.

Existen distintos tipos de dislalias. La evolutiva constituye aquellos problemas en la articulación que aparecen en un estado evolutivo del niño normal, es decir, que aún, por su edad, no ha llegado a alcanzar el control total de su órgano fonador. Este tipo de dislalia, también conocida como fisiológica, es propia en niños de hasta 4 años, que en sus intentos de reproducción del sonido no han alcanzado ese adecuado nivel de articulación. Si la dificultad en el habla persiste porque el niño no coloca bien los órganos articulatorios para pronunciar un fonema determinado o porque los intentos de reproducción no alcanzan mejoría, se trataría de una dislalia funcional.

En estos dos tipos de dislalias, las más conocidas aparecen con el seseo o con dificultades para pronunciar la letra ele o la letra erre. Esta última “sucede cuando el niño quiere decir ‘ratón’, pero dice ‘datón’. Esta dislalia sucede porque no se están colocando correctamente los órganos articulatorios. Pero puede ocurrir que por distorsión, pronuncie ‘gatón’. Existen muchas variantes pero en todos los casos es necesaria la consulta a un logopeda”, concluye la logopeda del Hospital San Juan de Dios, que aclara que entre las causas que pueden llevar a este tipo de dificultades se pueden encontrar una escasa habilidad motora, problemas de percepción, problemas de comprensión y discriminación auditiva e incluso factores ambientales, psicológicos o discapacidad intelectual.

A partir de los 4 años, si los padres detectan que el niño no articula de manera correcta un fonema, es momento de acudir a la consulta de un logopeda para que se valore. Miryam Mederos señala que “en algunos casos, podemos ofrecer pautas al niño y a su familia para que, de manera natural y con ejercicios en casa, se solvente la dificultad articulatoria., pero en otros casos se hace necesaria la rehabilitación”.

Además, la logopeda del San Juan de Dios revela que existe un índice elevado de niños con dislalia que, al pasar a primero de primaria, cuando toman contacto con el aprendizaje de la lecto-escritura, empiezan a tener más dificultades que el resto de niños a la hora de escribir determinadas letras, que son con las que tienen dificultades, ya que es en ese momento cuando el niño necesita segmentar las palabras en sílabas, convertir los fonemas en signos gráficos de acuerdo a las reglas ortográficas de su idioma. “Si un niño dice ‘dojo’ en lugar de ‘rojo’, será muy normal que escriba ‘dojo’ incluso cuando esté escuchando esta palabra correctamente en un dictado de su profesor”, explica Mederos. Por tanto, si a los 6 ó 7 años persiste la dislalia es fundamental que un profesional la corrija, porque de esta manera se fomentará la comprensión lectora y la atención del niño.

Otras dislalias

Además de la dislalia evolutiva y de la funcional, existe la dislalia audiógena, que proceden de problemas asociados a la audición; o las dislalias orgánicas, que se producen a raíz de un problema orgánico. Entre estas últimas se distinguen entre las disartrias, que suceden a partir de una lesión neurológica como la parálisis o el ictus; y las disglosias, que se asocian a malformaciones en los órganos articulatorios como pueden ser el labio leporino o la fisura velo-palatina.