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09/09/2021 - 12:28 General

El Centro Psicopedagógico San Juan de Dios de Tenerife ha ampliado el programa de ‘Promoción de la autonomía a través de viviendas con apoyo’ que lleva a cabo con la colaboración del Cabildo de Tenerife y que está destinado a personas con discapacidad intelectual y trastornos de conducta que residen en el centro. Y lo ha hecho dotando a las instalaciones de una nueva vivienda adaptada que, junto a la que comenzó a funcionar en 2015, se ha convertido en el hogar de nueve usuarios.

Se trata de un proyecto que persigue que los chicos y chicas con trastornos y discapacidad alcancen su máximo potencial en autonomía e independencia, conviviendo en una vivienda que se encuentra dentro del recinto del centro psicopedagógico y que funciona como un recurso para la inclusión y el desarrollo de los usuarios.

La directora psicopedagógica, María de la Rosa, ha explicado que este programa está pensado para aquellas personas que residen en el centro de San Juan de Dios y que alcanzan un punto de estabilización que les permite desarrollar habilidades de la vida diaria en un entorno convivencial con mayor grado de emancipación. “Con este proyecto, creamos un contexto comunitario en el que estos usuarios conviven en una vivienda como lo hace una familia y a través de ello los hacemos partícipes de todas las actividades que implica esa convivencia, desde el mantenimiento y limpieza de su casa, la compra y preparación de algunas comidas o el disfrutar de los momentos de encuentro en las zonas comunes como el salón”, explica.

En cada piso viven entre cuatro y cinco usuarios de una media de 40 años de edad, acompañados por tres educadores y cinco cuidadores. Las viviendas cuentan con habitaciones individuales y dobles que incluyen su propio baño, además de zonas comunes como el salón o la cocina. Ernesto González, uno de los educadores, explica que la manera de enfocar la convivencia en este nuevo recurso residencial aporta grandes beneficios a los usuarios. “Rápidamente, ellos empiezan a reconocer en estas viviendas su hogar. Hablan de ‘mi casa’ cuando se refieren a él, la sienten así porque es un espacio en el que asumen roles y responsabilidades, y esto les permite aumentar su autoestima y su bienestar. Sienten que cuidan unos de otros, que son capaces de mantener su casa, hacer su cama, cocinar una merienda y pasar un rato divertido con juegos de mesa o simplemente viendo la tele juntos, en el salón”, relata el cuidador.

Además, los educadores involucran a los usuarios en talleres que refuerzan la consecución de objetivos en actividades de la vida diaria. “Estamos trabajando en un taller de cocina que les motiva muchísimo. Les planteamos que se hagan cargo de la elaboración de algún plato o merienda en la casa y, adecuándolo a sus dietas recomendadas, pueden escoger una receta entre todos para su elaboración. Entonces tienen que verificar si en la cocina tienen los alimentos necesarios y comprar aquellos que hagan falta”, explica Ernesto. De momento, estas compras se hacen online a causa de la pandemia. Sin embargo, una vez puedan flexibilizarse estas medidas, podrán acudir al supermercado y realizar sus compras en un entorno comunitario. Del mismo modo, realizan salidas programadas del centro a espacios naturales como la playa o el campo, y a eventos culturales en el teatro o en el cine, actividades que logran la integración social que tantos beneficios les reporta.

La directora psicopedagógica del centro asegura que los usuarios se sienten muy felices al entrar a formar parte de este recurso –“se sienten contentos, satisfechos, y nos dan continuas muestras de ello”-, y que sus familias también encuentran muy positiva esta fórmula residencial de integración, por lo que han recibido mucho apoyo. “La idea sería que, superados algunos años de esta experiencia y tras realizar una evaluación individual, nuestros chicos y chicas pudieran salir del centro hacia recursos como el nuestro, pero insertados en la comunidad, para favorecer su plena inclusión social”, concluye María de la Rosa.