Editorial

No invertir en sufrimiento

No es un comportamiento normal disfrutar sufriendo o haciendo sufrir, pero es más abundante de lo que parece (entre un 2% - 4% de la población). Hay personas que sufren y hacen sufrir. Pero ¿qué es el sufrimiento? Lo podríamos definir como la percepción de un mal en diversos órdenes: biosomático, psicológico, social, espiritual (crisis global de sentido) (Sufro por mi dolor de cabeza, a causa de la herida que tengo, por la indiferencia de los que me rodean, por el abandono de Dios...). El sufrimiento es intransferible.

 

Resulta esencial la consideración de Eric Cassell que nos trasmite un mensaje capital: "Los que sufren, no son los cuerpos; son las personas". Y es cuanto en San Juan de Dios nos importa, considerar la centralidad de la persona y su dignidad.

 

La poesía ha sabido expresar bien el dolor-sufrimiento. Guadalupe Amor lo expresa en este breve poema: Noches con ojos abiertos,/ noches de vuelos terribles,/ congoja y ansia indecibles/ sueños en sombra/ despiertos./ Desbordados mis latidos,/ mis pasiones desbordadas,/ mis ansias, ¡ay!,/ no colmadas,/ casi muertos mis sentidos./ Todo en la noche girando,/ filtrándose por mi alma./ Ya clamo por tener calma:/ ¡Mi Dios, mi Dios, hasta/ cuándo!

 

En su Ofertorio, Amado Nervo vuelca sus sentimientos de duelo por la pérdida del ser querido: Dios mío, yo te ofrezco mi/ dolor;/ ¡Es todo lo que puedo ya/ ofrecerte!/ Tú me diste un amor, un/ solo amor,/ ¡un gran amor! Me lo robó/ la muerte.../ y no me queda más que mi/ dolor. / Acéptalo, Señor:/ ¡Es todo lo que puedo ya/ ofrecerte!

 

Se nos ha enseñado desde nuestra infancia aquello de “hacer el bien con el sufrimiento y hacer al bien al que sufre”. Despojando la expresión de cierto tinte de sadismo, lo consideramos como un aspecto positivo en relación con la enfermedad.

 

Ahora bien, existe un desacuerdo radical respecto a la capacidad humanizadora del dolor y el sufrimiento. Pero también hay personas que abogamos por las posibilidades de humanizar el dolor y el sufrimiento, siempre y cuando ambos resulten inevitables. Y ahí se puede encontrar la labor que persigue la humanización del dolor y el sufrimiento en el mundo sanitario, desde una pastoral integrada dentro de los equipos asistenciales y terapéuticos.

 

Por lo tanto es posible todavía: el alivio, como antídoto del dolor; el consuelo, como acicate y vehículo del sufrimiento; y la comprensión poética y sapiencial del dolor: la comprensión pastoral del dolor y del sufrimiento (Cf. Jesús Conde, Dolentium Hominum nº. 63-2006).

 

Sufrir por sufrir es un sinsentido; nuestro reto como profesionales de la salud es evitar todo dolor-sufrimiento; y así lo hacemos en las actuaciones de San Juan de Dios desde las escuelas de enfermería y formación profesional, sus hospitales, centros de acogida, residencias de mayores, terapias con personas diversas y con alguna limitación somática o psicológica, cuidados paliativos…

 

En la aproximación al hombre, cuanto nos inquieta e intentamos resolver cada día es, el acompañamiento ante el sufrimiento ocasionado por el vacío existencial, que tanto abunda en nuestra sociedad líquida, en la que los valores los estamos desperdiciando.

 

Queremos aliviar el sufrimiento y facilitar el camino hacia la serenidad, aprendiendo no sólo a explorar a los seres humanos como personas, sino también ayudarles, en lo posible, a adquirir control sobre la situación en que se encuentran (Cf. Ramón Bayés). Desde San Juan de Dios, aportamos unos granos de arena.

 

La humanización sin técnica, no es humanización. Pero habremos de poner la técnica al servicio y en beneficio del hombre. Como reto, en San Juan de Dios, procuramos humanizar desde la hospitalidad que es nuestro sello distintivo.