Editorial

Acoger, proteger y acompañar

Los avances en la medicina, otras ramas de la salud, así como algunos movimientos políticos y sociales, han motivado que la sociedad se esté planteando el dilema ético de la eutanasia. Hay quienes buscan la despenalización y otros la legalización.

El presidente de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida y obispo de Bilbao, Mons. Mario Iceta, presentó el miércoles 4 de diciembre de 2019 el documento Sembradores de esperanza. Acoger, proteger y acompañar en la etapa final de esta vida. Entre otros muchos, el escrito hace este razonamiento:

“Es probable que el resurgimiento de las actitudes eutanásicas sea una consecuencia de la conjunción de dos factores: por un lado, los avances de la ciencia en la prolongación de la vida; y por otro, un ambiente cultural que considera el dolor y el sufrimiento como los males por excelencia, que se deben eliminar a toda costa. Esto se da de manera particular cuando no se percibe una visión trascendente de la vida, que ayude a penetrar en el misterio del sufrimiento, que es inherente a toda vida humana”.

Pero ¿qué es la eutanasia? Hablamos de eutanasia pasiva o eutanasia por omisión; eutanasia activa o eutanasia por acción. Hablamos de eutanasia semipasiva, de eutanasia semiactiva. Hablamos de eutanasia indirecta, de suicido asistido. Hablamos de eutanasia voluntaria, de eutanasia involuntaria [crypteuthanasia, encouraged euthanasia, surrogate euthanasia, disdriminatory euthanasia] y otras más…

En la actualidad, como somos más finos con el lenguaje, empleamos eufemismos como derecho a morir, opción al final de la vida, muerte digna, morir con dignidad, muerte piadosa o por compasión, muerte tranquila, ayudar a morir, muerte sin sufrimiento…

La eutanasia se define como el acto de un profesional sanitario que ‘administra deliberadamente una substancia letal o que realiza una intervención para causar la muerte de un paciente con capacidad de decisión por petición voluntaria de este’. La Asociación Médica Mundial se opone firmemente tanto a la eutanasia como al suicidio con ayuda médica.

Para buscar la legalización de la eutanasia, se empieza por confundir al público con el concepto de la misma, y seguidamente: primero se despenaliza y a continuación de forma progresiva, se legaliza. Así sucedió con el aborto, y ahí están los frutos y los efectos: traumas y culpabilidad, así como difíciles superaciones psicológicas y negocios oscuros. Una vez más nos movemos en la ‘pendiente resbaladiza’ y poniendo más suavizante y jabón en la misma.

En San Juan de Dios, tenemos respeto por la vida, desde su inicio, y se extiende a lo largo de toda la existencia, hasta su final natural. El deber de garantizar a todos una muerte digna del hombre conlleva, en cualquier caso, el cuidado hasta el último instante de vida. La gran diferencia entre la cura (cure) y el cuidado (care) hace que no haya enfermos in-cuidables, aunque haya algunos in-curables. Y así defendemos los cuidados paliativos. La alimentación parenteral, la limpieza de las heridas, la higiene corporal, las adecuadas condiciones ambientales, son derechos ineludibles de los que no se puede privar a ningún enfermo hasta los últimos instantes de su existencia (Cf. Carta de Identidad de la O.H. 5.2.3.1.).

En consecuencia y desde los ámbitos académicos, en la Escuela Universitaria de Enfermería y Fisioterapia de San Juan de Dios, integrada en la Universidad Pontificia Comillas, al final de los estudios se entrega a los graduados un juramento que especifica, entre otros, los siguientes compromisos:

“Aplicaré todas las medidas necesarias para el beneficio del enfermo, buscando el equilibrio entre las trampas del sobre-tratamiento y del nihilismo terapéutico. Recordaré que mi disciplina no sólo es ciencia, sino también arte, y que la calidez humana, la compasión y la comprensión propias del buen samaritano, y que tanto inspiran el legado de Juan de Dios, pueden ser más valiosas que el bisturí del cirujano o el medicamento del químico. Debo tener especial cuidado en los asuntos sobre la vida y la muerte […] Pero es también posible que esté en mi mano asistir a una vida que termina; debo enfrentarme a esta enorme responsabilidad con gran humildad y consciencia de mi propia fragilidad. Por encima de todo, no debo jugar a ser dios’.

Así humanizamos con la Hospitalidad como horizonte, desde esta revista San Juan de Dios y las actuaciones de los diversos ámbitos reflejadas en sus páginas.