Editorial

Paradigma de un mundo fraterno y sostenible

 

El hecho de que el quinto aniversario de una encíclica coincida con otro momento crítico, el de una pandemia mundial, hace que el mensaje profético de la Laudato Si’ sea muy significativo.

 

La encíclica constituye una guía moral y espiritual para la creación del nuevo paradigma de un mundo más solidario, fraterno, pacífico y sostenible. Y la crisis pandémica una oportunidad para transformar la destrucción que nos rodea en una nueva forma de vivir en una relación más armoniosa con la naturaleza, nuestra casa común.

 

La Covid-19 ha manifestado claramente lo profundamente conectados (en-redados) e interdependientes que estamos todos. Necesitamos comenzar a pensar en el mundo que vendrá después de la Covid, precisando de un enfoque integral ante esta crisis mundial.

 

Pero se nos brinda otra oportunidad con la síntesis del pensamiento del papa Francisco que realiza en la Carta encíclica Fratelli tutti, justamente sobre la fraternidad y la amistad social. Mayor confluencia y abundancia de motivos no se pueden pedir y habremos de aprovechar para poder llegar a cumplimentar algunos de los objetivos de Laudato Si’ y medir cuanto se indica para llegar a una Ecología Integral, que es en definitiva: dar una respuesta al clamor de la tierra, al clamor de los pobres, a la economía ecológica, al cambio de nuevos estilos de vida más sencilla, a una educación ecológica, asumiendo una espiritualidad ecológica y, en definitiva en un empeño comunitario y la participación activa en el cuidado de la creación.

 

Estamos en un momento muy importante en que se está consolidando desde el magisterio papal, muy claramente y de manera sencilla, la doctrina social de la Iglesia. Esto es, embarcarnos en eliminar la cultura del descarte y de la pobreza extrema; conmovernos ante el dolor y sufrimiento especialmente el de los marginados e ignorados; asumir nuestra responsabilidad ante la erosión del planeta, en sus dimensiones sociales, políticas y económicas; eliminación del individualismo exacerbado; tomar consciencia de pueblo y comunidad antes que de individuo.

 

El Buen Samaritano que tan bien supo encarnar San Juan de Dios se nos ilumina al ponernos en los diversos papeles y personajes: los heridos, los que pasan de largo, los buenos samaritanos. Se nos invita al cambio global de nuestra sociedad y a luchar contra las estructuras que amordazan, lo cual significa e implica un cambio personal, pero también un cambio de estructuras; estamos llamados a la cultura del encuentro. En caso contrario no tendremos solución adecuada.

 

Todo lo enumerado nos lleva a tomar un posicionamiento ante los principios y ante los valores cristianos que conducen a ser ciudadanos del propio país y del mundo entero como vínculo social. Y puede ser un espejo donde mirarnos desde la institución de San Juan de Dios, y reflejarlo en estas páginas periódicamente, como lo estamos intentando hacer de forma sucesiva y con una evolución progresiva muy notoria: copiamos del Buen Samaritano, nos com-padecemos con el dolor y el sufrimiento en el mundo de la marginación, compartimos cuanto tenemos e intentamos hacernos pobres con los pobres para dignificar a todos.

 

Estamos defendiendo una actitud hospitalaria frente a la vida, desde la concepción hasta la muerte incluyendo todas las etapas. Tenemos una gran oportunidad para transformar el mundo en un sitio mejor y más habitable, donde se nos permita pensar con paz y progresar en armonía. Actuamos buscando creadoramente otras alternativas de vida. Y en estas comprometidas páginas de San Juan de Dios se traen ejemplos concretos que son una adaptación del lenguaje y ejemplo de la Hospitalidad que es, en definitiva, del Buen Samaritano.