Editorial

De nuevo con las adicciones

Videojuegos, ¿la adicción del siglo XXI? Parece ser que se va a incluir en próximas ediciones (CIE-11), el Gaming disorder, que se refiere al uso problemático de juegos digitales o videojuegos, ya sea mediante conexión a internet o sin ella. Aunque la mayoría de las personas que usan videojuegos lo hace sin problemas, se considera que existe un trastorno, por su uso, cuando el patrón de juego es tan grave que afecta a áreas relevantes del funcionamiento personal como la familia y las relaciones sociales, el rendimiento académico o el laboral. También el Cyber Effect está haciendo estragos en los niños. Y lo permitimos como si de una niñera se tratara…

Es una realidad demostrable sin mucho esfuerzo que estamos perdiendo la comunicación cuerpo a cuerpo. Entramos en la soledad más o menos absoluta, como carencia de referentes. Y las nuevas tecnologías fomentan esta soledad. En el siglo de las comunicaciones, en el que un mensaje tarda segundos en atravesar el mundo, los seres humanos nos aislamos. Nos situamos en burbujas virtuales sabiendo que no es el camino para convivir en la vida. Estamos creando individuos dependientes.

Y algo muy preocupante, los miembros de la ‘generación muda’ apenas llaman por teléfono. Lo tienen en las manos, pero hacen pocas llamadas. Estamos haciendo de las redes sociales y de las pantallas una nueva realidad, una vuelta de tuerca más del mito de la caverna de Platón y nos conformamos viendo las sombras.

Adicción a las tecnologías: nueva y vieja dependencia a los productos externos. No escarmentamos y volvemos a las andadas, pero con ciertas innovaciones porque somos creativos y no originales. Pensamos en los psicoafectados que, cuando les falla la wifi, sienten crisis de ansiedad y otras manifestaciones que indican nos encaminamos a una adicción novedosa a internet, más frecuente en personalidades algo neuróticas que reaccionan mal ante los fallos de la tecnología digital.

Un abuso de la tecnología puede llegar a influir en nuestra espiritualidad y llegar a cambiarla. Pero, en cambio, las nuevas tecnologías pueden llegar a potenciar nuestro humanismo si sabemos encauzarlas. Estamos en la Era Digital. La Inteligencia Artificial (IA) avanza de forma imparable. No contar con la nueva realidad significaría retornar a la prehistoria […] Está en juego el combate por la IA que gobernará el mundo (L.M.ª Ansón, El Cultural, 12.07.2019).

Por lo tanto, las nuevas tecnologías nos han de servir para un mejor servicio, y no nosotros servir a ellas. Tendremos que asimilar y prepararnos para incorporar estos elementos tecnológicos a nuestra tarea de comunicación, ascendente, descendente, interna, externa… Porque en el siglo XXI, “si su organización no comunica, no existe”. Y habremos de tener una hoja de ruta: hablando desde el amor; perdiendo el miedo al no; eliminando las zonas de confort que no nos permite aprender, y ser emprendedores.

La comunicación es un aprendizaje con disciplina y con disfrute. Los directivos suelen suspender en torno al 70-80% en comunicación, porque hacen pero no dicen. Por lo tanto el objetivo de la comunicación es saber qué hacer, con qué y con los nuevos públicos.

Tal vez no lleguemos a ser esclavos de las máquinas, porque nos estamos dando cuenta que las máquinas no satisfacen las necesidades de los seres humanos tan bien como podrían. Y caeríamos en un error si trabajásemos para las máquinas en lugar de que ellas lo hagan para nosotros (Cf. William Powers, ABC Cultural, 20.07.2019).

La revista San Juan de Dios, como vehículo de comunicación, hace uso de las nuevas tecnologías y las comunica fielmente en sus páginas, señalando los avances que estamos incorporando, sabiendo que no es preocupante llegar a que la IA otorgue a las computadoras la capacidad de pensar como los seres humanos, lo peligroso es que los humanos piensen como máquinas (Cf. Tim Cook). En San Juan de Dios, somos acogedores y hospitalarios con cuanto nos va llegando y pueda ser provecho a la humanización en hospitalidad.