Editorial

¿Quién asume el reto de la responsabilidad?

Elementos constitutivos de la existencia humana, espiritualidad, libertad y responsabilidad, son tres fenómenos primarios, irreductibles, del ser del hombre. La responsabilidad constituye en cierto sentido el lado subjetivo mientras que, en el lado objetivo se encuentran los valores. Existe un valor ético formal que constituye la condición indispensable de cualquier otra valoración: la responsabilidad. Representa aquel valor límite de neutralidad ética, en cuanto procedimiento de relación que expresa una valoración implícita o explícita, que puede y debe situarse en el lugar del otro.

En la relación terapéutica hay un principio que afirma que la humanización del hombre se basa en su sentido de responsabilidad. El hombre es responsable de darle sentido a su vida. Ser humano significa responder ante las situaciones de la vida, contestar a las preguntas que la vida nos hace; pero ¿quién es el que llama?, ¿ante qué responde el hombre?

Estas cuestiones no las puede responder la relación terapéutica. Es cada cual quien deber responderlas. La relación terapéutica puede definirse como una educación hacia la responsabilidad. Pero esta responsabilidad debe hacer cierta selectividad, a menos que no queramos caer en una total promiscuidad, tenemos que elegir entre lo que es importante y lo que no, lo que tiene sentido y lo que no. Debemos hacernos selectivos y discriminativos (Cf. Frankl, V. (2002). El hombre en busca del sentido último).

Cada uno tiene su cometido concreto. Únicamente se puede responder a la vida respondiendo por su propia vida. Esta responsabilidad incluye autocontrol, autodisciplina, reflexión para dar respuesta a la propia misión en la vida: la toma de las riendas de la propia vida y sus consecuencias. Pero lleva también consigo un aspecto de relación y obligaciones para con los demás y en la realización de la propia vocación y trabajo, es decir implica dimensiones individuales y corporativas.

        Un reto que tenemos de futuro, es la necesidad de impulsar un comportamiento ético que nos encamine a formas de vida personal e institucional, más acordes con una sociedad democrática, solidaria e incluyente. En este sentido se habla de la ética de la responsabilidad, entendida como la capacidad de dar respuestas eficaces a los problemas que nos llegan de la propia realidad concreta.

La responsabilidad revela el carácter ético de cada persona, que lleva, por un lado, a más respeto, más transparencia y más cordialidad hacia los demás; y por otra parte, a dar respuesta a las necesidades del otro ser humano. El otro me exige una actitud práctica, que puede ser de hospitalidad, de indiferencia o de rechazo. Desde nuestra propia realidad de San Juan de Dios, algunos de los aspectos a los que debemos dar una respuesta responsable son: la inclusión social, la equidad de género, la justicia económica, la conservación del medio ambiente, la seguridad ciudadana, el final de la vida, entre otros muchos…

En la sociedad actual, al comportamiento ético esperado en cada uno de los ciudadanos, tenemos que añadir las normas jurídicas. Y debemos exigir que el derecho produzca leyes, sentencias y procedimientos justos. Es muy difícil ser honesto (y honrado) en una sociedad que no lo es, y además mucha gente odia por ello. Esta humanidad parece no tener remedio: los ricos se van haciendo con todas las sillas y los pobres siguen sentándose en el suelo…

Desde los testimonios que presentamos en la revista San Juan de Dios, somos conscientes que, por la ética de la responsabilidad deberíamos cambiar la competitividad individualista por la cooperación competente y cordial; el consumismo sin límites por el uso racional de los recursos; pasar del espíritu egocéntrico al espíritu de concordia. Nos movemos con responsabilidad desde la hospitalidad.