Editorial

Los jóvenes reclaman nuestra atención

Se prepara el próximo Sínodo de los Obispos pensando en los jóvenes: en su posible fe y orientación vocacional y de vida. Y cómo acompañarles para que reconozcan y acojan la llamada al amor y su vida se llene de ilusiones para su autorrealización.

Se desea encontrar nuevas maneras de hacer, de comportarse, de trabajar con ilusión y decisión. Pero lo que resulta clave es cómo acompañar, dejarse acompañar y abrirse a la realidad personal.

Acompañar implica disponibilidad, escuchar, dejar de hacer cosas para hacer otras más importantes, como dedicarse a los que precisan de atención. No juzgar, ni siquiera opinar, sino dejarse llevar por la inspiración comunicada y compartida. A veces hay que dejar el camino abierto a la amistad, que no se fuerza, sino que surge de la relación.

La juventud de hoy exige veracidad, coherencia de vida; no teorías, ni palabras vacías, sino testimonio con hechos palpables y concretos. No se trata de ‘comer el coco’ sino de proponer, invitar y decidir. Hacen falta a los jóvenes figuras que sean testigos.

Según Byung-Chul Han, ya sea porque nos prestamos una atención excesiva, convertidos en una especie de “emprendedores de nosotros mismos”, o porque negamos frontalmente lo que nos es ajeno, esta condición nos condena a la soledad, a la depresión y al odio. La única alternativa posible es recuperar la comunicación con el otro y la respuesta es la hospitalidad.

Al Mayo del 68 -estamos a 50 años de distancia- nos hemos asomado con curiosidad, al ser considerado como un movimiento revolucionario, una teología política; pero aquello se acabó y la revolución no acaba de llegar: “Sartre y Simone de Beauvoir eran el Olimpo” (Cf. G. Albiac, Mayo del 68. Fin de Fiesta), ahora no hay Olimpos, ahora hay populismos que no llegan ni a ser semilla de revolución, sino de algo menos creativo: la explotación.

Desde esta revista San Juan de Dios ofrecemos una revolución especial: proponemos un estilo de actuación, pacífica pero eficaz; no damos respuestas a todo, pero sí planteamos interrogantes a quienes nos contemplan y ven las obras de humanización, de dedicación, de empeño en la igualdad, de considerar la vulnerabilidad como inicio de superación y desarrollo.

Trabajamos contra los estigmas sobre la salud mental; procuramos dar alternativas a las personas que son dependientes de sustancias u otros estimulantes, para hacer un mundo más comprensivo. Acogemos familias que huyen de zonas en conflictos bélicos y políticos; procuramos alimento y cobijo a quienes lo precisan, sin hacer demasiada propaganda, con la consciencia de hacer “el bien, bien hecho”.

Los que estamos comprometidos con la humanización de San Juan de Dios nos aproximamos al ámbito de la investigación, con el fin de aprender y hacer mejor cuanto realizamos en los planes asistenciales de forma global e integral. Y organizamos certámenes y jornadas que fomentan el avance en ciencias sociales y colocan la “Hospitalidad como servicio a la sociedad”.

A los jóvenes que están desorientados, que están indefensos frente a los avatares sociales y frente a la invasora tormenta de información y estímulos visuales, les ofrecemos iconos vivientes capaces de decirles algo y que estimulen su compromiso; testigos que les hagan salir del egoísmo de esta sociedad narcotizada por el consumismo; para que sean capaces de ver personas que se entregan a los demás como lo hizo Juan de Dios mediante la apertura de su casa de Hospitalidad.