Palabras mayores

Almendralejo, el cariño dentro y fuera de sus puertas

Dicen que como en casa en ningún sitio y, por ello, de la residencia de San Juan de Dios en Almendralejo no se quiere ir nadie. El personal y los recursos de este centro, desde la hospitalización hasta el servicio de ayuda a domicilio, han conquistado incluso a quienes aún no han entrado.

Nerea López

Ángela Antúnez encuentra en su apretada agenda un hueco para atender el teléfono. Es 26 de julio, Día Internacional de los Abuelos, y en la residencia de la Fundación San Juan de Dios Extremadura lo celebran por todo lo alto. “Hablamos ahora que luego viene una orquesta a tocar y no vamos a oírnos”, explica. Responde a la llamada desde el centro, en el que reside desde hace casi tres años, cuando salió del hospital tras un ingreso complicado por diabetes y otras dolencias. “Estaba como muerta”, asegura con la tranquilidad de quien sabe que ahora goza de buena salud.

A sus 91 años, reconoce que a veces se siente como una niña. Viuda desde hace once, ha encontrado en la residencia el lugar idóneo para sentirse cuidada y acompañada. “Me gusta disfrutar de las actividades que nos organizan, estamos muy entretenidos”, afirma. Y es que, actualmente, puede disfrutar de todas las actividades del centro, lo que era impensable hace no mucho tiempo. “Había perdido masa muscular, no andaba. Además, estaba desmotivada”, recuerda la trabajadora social del centro, Patricia Alfageme. “Es increíble cómo se ha recuperado en un periodo tan breve, tanto físicamente como a nivel de actitud”, asegura.

Tal y como explica Alfageme, el estigma de una residencia de mayores hace que muchas familias tengan prejuicios a la hora de buscar un lugar para sus seres queridos, “pero lo cierto es que aquí están fenomenal”, afirma Patricia. “Estamos acostumbrados a ver los ingresos como un abandono, pero cuando rompes esa barrera, le cambias la vida a la persona”, asegura. "Recuerdo a una señora que se encontraba sola en su casa, sin ningún tipo de apoyo familiar ni social, y con dificultades para valerse por sí misma, cuando tomó la decisión de ingresar en nuestra residencia. Su mejoría fue increíble", comenta Patricia.

Por estos motivos, la trabajadora social recomienda que el proceso de adaptación, cuando una persona mayor entra en la residencia, sea un trabajo conjunto de toda la familia y no solo del residente. “Hay familiares que no están preparados para dejar de ser cuidadores”, explica, y añade que se trata de un duelo en el que el miedo juega un papel muy importante. “Miedo a lo desconocido, a no saber si lo van a tratar bien. Todo esto requiere tiempo para que la familia conozca el centro, los profesionales y sobre todo nuestra manera de ser y hacer", asegura. Eso sí, Alfageme aclara que es crucial que la persona tenga la voluntad de entrar en la residencia, ya que si esta quiere permanecer en su casa y está capacitada para tomar decisiones, la familia debe respetarla.

Quien sí tiene la intención de entrar a formar parte de la comunidad de residentes de San Juan de Dios en Almendralejo es Pedro Fernández, quien espera la llamada que le confirme que le han concedido la plaza en el centro. Nacido en Aceuchal y con 33 años como yesero en Madrid a sus espaldas, este extremeño estuvo ingresado en el área de hospitalización de San Juan de Dios y actualmente es usuario del servicio de atención a domicilio. Y si tiene suerte, asegura, pronto también de la residencia.

A la casa de Fernández, asiste cada martes y jueves una auxiliar de apoyo a domicilio para ayudarlo a realizar las tareas del hogar. “Pero cocino yo ¡eh!”, se apresura a aclarar. Y es que, a sus 66 años y aunque no le quede otra que remangarse y fregar sus platos o hacer la compra, está deseando poder estar más acompañado y disfrutar del cariño y la atención que brindan en la residencia. “Sé que es como en el hospital y allí estuve tan bien atendido que me encantaría volver a sentirme así, tranquilo, acompañado”, explica. “¡Y la comida, por supuesto, que está buenísima”, exclama.

La situación de Pedro es especial, ya que a pesar de ser joven, su familia no está cerca y no tiene hijos. “La existencia o no de vínculos que tiene el paciente es un dato muy importante”, explica Patricia. En este sentido, la Orden se encarga de dar con la fórmula que mejor se adapte a las necesidades de la persona. “Miramos si es posible que vuelva a su domicilio o si es necesario buscarle otro centro”, indica Patricia. En caso de que la persona desee volver a su domicilio o tenga que hacerlo temporalmente por no tener aún la plaza en el área residencial, tiene posibilidad de solicitar un recurso de apoyo domiciliario como pueden ser la teleasistencia, un colgante para llamadas en situaciones de emergencia o el servicio de ayuda a domicilio.

Alfageme explica que no se trata solo de una ayuda con las tareas de la casa, sino que supone una vigilancia del estado de la persona. “Muchas veces son las propias auxiliares del servicio quienes nos ponen en conocimiento sobre el estado de un usuario de este servicio”, explica.

Esta área residencial cuenta con 38 plazas públicas, concertadas con la Junta de Extremadura, y otras tantas privadas. La profesionalidad de su equipo lo ha convertido en uno de los mejores centros de la Fundación San Juan de Dios Extremadura, obteniendo puntuaciones por encima de la media en valores como la atención prestada, la limpieza o los servicios. “Es una residencia muy familiar”, asegura Patricia, y no es de extrañar teniendo en cuenta que profesionales de la enfermería, la fisioterapia o el trabajo social, se esfuerzan para que los mayores que atienden se sientan como en casa, y que haya quienes, como Pedro, incluso la prefieran antes que su propia casa.