Palabras mayores

La terapia ocupacional abre el camino a un envejecimiento más pleno

Marga Ferrándiz

La Fundación San Juan de Dios Extremadura incorporó hace casi dos años la terapia ocupacional al centro de Almendralejo para favorecer en sus residentes el envejecimiento activo. Los resultados han convencido tanto a los familiares como a los propios residentes, que han logrado conservar algunas capacidades perdidas y mejorar sus habilidades sociales, la motivación o su autoestima.

Para los residentes de la Fundación San Juan de Dios Extremadura, tener una rutina programada de actividades es una fuente de alegría y motivación. En el centro aseguran que los pacientes están muy implicados y más participativos cada vez, y que realizan actividades que ni se planteaban antes. “¿Quién me iba a decir que con mi edad iba a escribir poesía o escribir un artículo sobre mi vida en el taller de informática?”, comentan algunos residentes.

Pero con la llegada de Clara Ginés, la terapeuta ocupacional del centro, hace casi dos años, estas actividades han pasado a formar parte de su vida, incluso de la de algunos pacientes que antes vivían entre la cama y el sillón y que ahora se levantan para participar en los talleres que les proponen. “Verlos tan implicados en las actividades y sonriendo es muy emotivo y significativo”, cuenta Clara, que recuerda que aunque parezca algo sencillo a ellos les ha costado mucho trabajo y esfuerzo.

El principal objetivo de la terapia ocupacional es trabajar las actividades de la vida diaria de los residentes cuando se ven impedidas por motivos físicos, sensoriales, cognitivos, emocionales o mentales para ayudarles a recuperar la independencia y la autonomía y lograr así una mayor calidad de vida.

Para conseguirlo es muy importante la fuerza de voluntad del paciente, la implicación de las familias y la coordinación con el resto del equipo interdisciplinar del centro. “Nuestros pacientes suelen tener deterioro cognitivo, ictus, problemas de salud mental, o discapacidad intelectual. Actualmente tenemos unos 50 pacientes, algunos de ellos están con nosotros desde la llegada de la Orden Hospitalaria a Almendralejo. Para ellos ésta es su casa y tener el parque al lado del centro hace que muchas de las terapias las podamos hacer al aire libre llegando a ser más distendidas”, cuenta Clara.

El servicio de terapia ocupacional trabaja principalmente con tres objetivos, siempre en función de la evaluación que se realiza a cada paciente. El primero es prevenir, para mantener el estado de salud y evitar un deterioro biopsicosocial. El segundo, la adaptación, utilizando estrategias compensatorias para ayudar a los residentes a vivir con los problemas que puedan tener en su día a día. Por último, su tercer objetivo es el de recuperar al máximo la función mediante productos de apoyo.

Utilizan tanto las terapias individuales, que sirven para conseguir la autonomía en el aseo y la comida, la estimulación cognitiva individualizada o la rehabilitación física tras fracturas de cadera, ictus, etc, como las terapias grupales. En esta segunda categoría trabajan la orientación temporal y espacial; aspectos cognitivos como la atención y la memoria. También practican actividades como la cocina; laborterapia a través de actividades manuales; paseos saludables; musicoterapia; taller de manos, que sirve para calmar el dolor que produce la artrosis o movilizar y fortalecer; informática, salidas y ocio con juegos como el bingo o las cartas.

Se trata, en definitiva, de mejorar la calidad de vida de los residentes haciéndoles partícipes de todas las dimensiones sociales, económicas, culturales y espirituales, siempre adaptadas a la situación de cada uno de ellos para involucrarles en un proceso de envejecimiento activo.

Clara Ginés. Terapeuta ocupacional

Diplomada y graduada en terapia ocupacional, tiene un máster en daño cerebral adquirido, discapacidad intelectual y salud mental. Lleva casi dos años trabajando en la Fundación San Juan de Dios Extremadura y anteriormente trabajó tres años en una residencia privada y dando charlas a cuidadores de personas mayores dependientes.

También es voluntaria del Servicio de Atención Espiritual y Religiosa.

“La Orden llegó a Almendralejo en marzo de 2010, hace ocho años, y yo empecé siendo voluntaria en la residencia. Por casualidades de la vida, tres años después empecé a trabajar en el hospital y la residencia de Almendralejo”, cuenta Clara.

De su trabajo destaca la gran motivación profesional que supone conseguir que un paciente que, por ejemplo, llegue al centro en silla de ruedas, sea totalmente autónomo para la gran mayoría de actividades de la vida diaria al cabo de unas semanas. Aunque reconoce que no siempre es fácil por tener pacientes en fases avanzadas, indica que siempre intentan trabajar un mínimo de capacidades.

Sobre los residentes, resalta que para ellos el personal del centro es su familia, ya que muchos no tienen a ningún familiar en Almendralejo y que allí “se encuentran como en casa”. “Al principio, no todos los residentes querían trabajar en las dinámicas, sobre todo las grupales, pero ahora cuando me retraso 5 minutos ya están impacientes”.