Pastoral

Una Hospitalidad desde Cristo

Nuestro carisma en la Iglesia es un don del Espíritu que nos lleva a configurarnos con el Cristo compasivo y misericordioso del Evangelio, el cual pasó por este mundo haciendo el bien a todos y curando toda enfermedad y toda dolencia[1]

 

El texto constitucional desde el Capítulo 1º nos muestra cual es el contenido fundante de una Hospitalidad que en la Iglesia, nos hace partícipes del amor misericordioso del Padre, que hemos recibido como don para mantener viva en el tiempo la presencia misericordiosa de Jesús de Nazaret[2]. Se trata de un pasaje rico en contenidos y en matices, de los que extraigo dos que proceden de la experiencia misma de San Juan de Dios.

 

  1. Configuración con el Cristo compasivo y misericordioso del Evangelio.

Algunos biógrafos de San Juan de Dios de los llamados barrocos[3] indicaban como experiencia espiritual de nuestro fundador, cuando una vez recogido un enfermo y llevado a su hospital, al lavarle los pies cae en la cuenta de que es el mismo Jesucristo al que está cuidando. Estamos hablando de un hecho contado con el lenguaje propio de dichos escritores, que históricamente es difícil comprobar y del que Francisco de Castro, primer biógrafo del santo, no dice nada. Pero el acto envuelto posiblemente en piadosa leyenda, está indicando una verdad de fondo que es indiscutible: la experiencia de Cristo que estremece la vida de Juan de Dios; esto sí lo indican textos históricos tales como la citada biografía de Castro y sus Cartas, e incluso el Proceso de Beatificación, que nos hablan sobre la identidad de nuestro fundador.

 

San Juan de Dios vive en un proceso de configuración con Cristo que va desde el momento de su conversión al de su muerte, aunque hemos de recordar que la llamada conversión no es algo puntual, sino el culmen de un itinerario recorrido desde la infancia, donde ¿quién sabe? Cristo o las circunstancias van acrisolando su personalidad, transitando un itinerario vital iluminado por la gracia divina, que parte del encuentro con Cristo despojado al que quiere seguir, desnudo seguir al desnudo Jesucristo, por él sufrir los desprecios y la entrega sin quejas ni discusiones, puesto que su enfermedad era estar herido del amor a Jesucristo.  

 

Así vivió y así murió; algo que quedó patente en la madrugada de aquel 8 de marzo de 1550 cuando de rodillas esperaba su muerte, contemplando a Cristo en el crucifijo que entre sus manos poseía. A esta altura de su vida no tiene ya otras distracciones ni estímulos, todo se reducía ya a lo esencial, al Cristo muerto en la cruz como expresión máxima de su entrega redentora, que él había tenido como referente en su servicio al pobre. El dolor del enfermo era confiado a la cruz redentora en la paz de la muerte, que para él se descubría ahora como camino de santidad y de plenitud.

 

  1. Curando toda enfermedad y toda dolencia.

La llegada a Granada había sido el hecho que inició una nueva fase de su vida, estando, pues, el buen Ioan de Dios muy descuidado tratando en su oficio, el Señor, que no lo estaba de la merced que le había de hacer, se acordó dél, volviendo sus ojos de misericordia sobre él, levantándole para otro oficio diferente; haciéndole, de gran pecador, gran penitente y justo, y despensero de sus pobres[4]. Vivía ya en el ámbito de una relación profunda con su Señor, porque la tierra de su alma estuviese algún tanto dispuesta, de tal manera fructificó la semilla de la palabra de Dios en ella…[5], pero su paso por el Hospital Real, donde conoció lo más sórdido y profundo del sufrimiento del inocente, caló tan hondo en su persona que le llevó a exclamar, Iesu-Cristo me traiga a tiempo y me dé gracia para que yo tenga un hospital, donde pueda recoger los pobres desamparados y faltos de juicio, y servirles como yo deseo. Y así se lo cumplió nuestro Señor muy cumplidamente[6].

 

Aquí radicó su ardiente cristocentrismo[7], fue Jesucristo el que le dio el don del hospital y la Hospitalidad, y aquí ha llegado ya a vivir la voluntad del Dios que se le ha revelado; a partir de este momento, fue medio que hace presente la caridad del mismo Cristo para con los necesitados. Ha llegado al anonadamiento de su persona, para estar disponible a la voluntad de Dios para servir a los pobres, por solo Jesucristo hacer bien y caridad a todos[8].

 

  1. Conclusión

 

La Hospitalidad de San Juan de Dios que para nosotros es una Hospitalidad fundante, se caracteriza por ser misericordiosa, contemplativa, apostólica; cimentada en el amor de Dios, en la Pasión de Jesucristo, en la negación y despojo de sí mismo. Y aquí radica el reto del carisma hospitalario también hoy, fidelidad y creatividad en la verdad, en las fuentes fundacionales; todo otro constructo será eso, fábrica no cimentada en las fuentes fundacionales o al menos no en todas. Hoy hablamos fácilmente de carisma, de Hospitalidad, que la experiencia de siglos enriquece, sin duda, y trae al presente como algo que sigue inspirando nuestro servicio, pero al que no le puede faltar la doble experiencia vivida por el fundador que las Constituciones nos recuerdan: Cristo compasivo y misericordioso que sigue redimiendo el sufrimiento y el dolor del pobre, manteniendo viva en el tiempo la presencia misericordiosa de Jesús de Nazaret.

 

 

Fr. Luis Valero Hurtado O.H.

 



[1] Constituciones O.H. 1.2.

[2] Ibíd 1.2.

[3] Los biógrafos barrocos, Celi, Govea, son llamados así por Sánchez J. en su tesis doctoral Kenosis y Diakonia en el itinerario espiritual de San Juan de Dios.

[4] CASTRO F. Historia de la vida y santas obras de san Juan de Dios, en Gomez Moreno, Primicias históricas de San Juan de Dios. Madrid, 1950.44.

[5] Ibíd 44.

[6] Ibíd 52.

[7] DE MINA SALVADOR M, o c, y continua lo encuentra rasgando los velos humanos que se lo velan.. darle de comer porque tiene hambre, darle de beber porque tiene sed, llevarlo en sus hombros porque está tullido, asistirle hasta en lo más repugnante a la naturaleza porque no puede verse. Es en todo ese entresijo de dolor e impotencia donde mejor puede ayudarle porque allí penetra lo más expreso de su voluntad santísima, incluso de sus predilecciones

[8] Cfr. SANCHEZ J.  Kenosis y diakonia en el itinerario espiritual de San Juan de Dios. Granada, Archivo-Museo San Juan de Dios, 2014..