Pastoral

El acompañamiento espiritual de la Orden Hospitalaria a las personas mayores

Teódulo González Martín

Agente de Pastoral Hospital Juan Grande. Jerez de la Frontera

La esperanza de vida es uno de los indicadores principales que ponen de manifiesto el avance y desarrollo de una sociedad. Esta esperanza de vida se ha incrementado de manera espectacular en España a lo largo de todo el siglo XX, debido al progreso en materia sanitaria, social y económica fundamentalmente, mejorando el estilo de vida de muchas personas mayores, llegando a estar entre las más altas de la Unión Europea y del Mundo. Es por ello que en España existe un proceso de envejecimiento importante que representa el 18,4%, más de ocho millones y medio de personas mayores de 65 años.

Evidentemente, son avances importantes en nuestra sociedad, aunque no hayamos calculado la realidad que conlleva este envejecimiento progresivo de la población, apareciendo todo tipo de enfermedades crónicas, tanto somáticas como cognitivas, que en algunos casos suponen una carga familiar difícil de asumir. Son, por tanto, un colectivo complejo con pluripatologías que hacen que aumente la demanda asistencial de instituciones y profesionales cualificados.

La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios siempre ha estado a la vanguardia para consolidar un modelo asistencial integral, donde se dé respuesta a las personas asistidas en sus centros, desde un abordaje que tenga en cuenta todos los ámbitos de las ciencias humanas y la dimensión espiritual-religiosa. Es así que, a través de los Servicios de Atención Espiritual y Religiosa (SAER) y de sus agentes de pastoral, abordan a la persona en su totalidad y no solamente dando soluciones a problemas de vivienda o cuidados.

El ingreso de estas personas en nuestras instituciones conlleva en muchas ocasiones un aumento de la ansiedad, aparición de depresiones, insomnio, alteraciones de tipo emocional y de ánimo, aparece la desesperanza, pérdida de sentido en su vida, así como sentimientos y emociones que nunca habían experimentado. Podríamos decir que comienza un desorden general de su vida que a veces no está relacionado con lo patológico, llegando a reconocer, algunos especialistas en geriatría, el aumento del uso de psicofármacos para poder “controlar” y “calmar” estos síntomas, sabiendo que no existe una causa que justifique tal tratamiento.

Estamos ante una realidad difícil de abordar para los profesionales sanitarios en geriatría, y que los agentes de pastoral comenzamos a denominar, como ya lo hizo V. Frankl en su momento, “cansancio vital y vacio existencial”. Son personas mayores que atraviesan y viven una experiencia en la que nada de lo que hacen tiene valor, que nada llena su ser, que todo el esfuerzo es en balde. Es una situación vivencial negativa y no deseada por ellos, llevándoles al hermetismo más absoluto, sabiendo que se produce un giro en sus vidas y lo que hasta ese momento tenía sentido o valor, por una razón u otra deja de tenerlo. Es como si se hubieran “cansado de vivir”. Comienzan un camino de desesperanza.

Algunos expertos relacionan este cansancio vital y vacio existencial, con la falta de motivación, de orientación, de búsqueda de lo interior, de un desarrollo espiritual y religioso, de aspectos más cercanos y humanos que dejamos de cultivar y mimar. Pero lo que sí está claro es que quien lo experimenta no sabe qué hacer, por dónde ir, cómo recuperar el deseo de vivir y cómo evitar caer en la rutina, y en esa vida anodina que mata lentamente, haciendo que las personas mayores vivan una situación de no encontrar el antídoto para buscar sentido en la belleza de las pequeñas cosas que tienen a su alrededor, en el arte, la música, la poesía… y en los creyentes en lo trascendente, en un Dios que se revela y se hace presente de forma significativa en sus vidas, dando sentido, que salva de caer en el abandono de sus vidas, evitando la rutina, buscando el deseo de una vida llena de plenitud y de sentido. Es evidente que la acogida a estas personas requiere de los agentes de pastoral una delicadeza especial y un cuidado sensible, que llegue donde no llega la farmacología, para atender y cuidar aspectos que pertenecen a un mundo interior rico en espiritualidad y religiosidad.

La fragilidad del anciano requiere de una intervención cercana de los SAER en los centros, para intentar reducir la soledad y el aislamiento tan hermético en estas personas. Los agentes de pastoral, a través de la puesta en marcha de programas pastorales específicos en geriátrica y humanización, dotan de herramientas que nos centran en lo nuclear de la persona. La atención directa y cercana del agentes de pastoral  debe ser un pilar fundamental en este proceso de la vida del mayor, sabiendo que en muchas ocasiones no podrá resolver todos los problemas, pero su presencia siempre será motivo de esperanza y consuelo, de cercanía y apoyo, de afecto y calor. La presencia del agente de pastoral siempre debe estar impregnada de una fuerte esperanza en sus acciones siendo “sacramento de misericordia” con sus gestos, con su mirada, con sus manos, con su escucha… Como decía Benedicto XVI, somos la “caricia suave y serena” en unas vidas cansadas que se agotan lentamente, como si de una vela se tratase.

La Orden, con sus planes de Pastoral implantados en la mayoría de los centros, dispone de una estructura suficiente y adecuada para desarrollar la Misión Evangelizadora en el sector de mayores, dotándolo de medios humanos y materiales necesarios para realizar una Pastoral de la Salud que dé respuesta a los problemas anteriormente planteados. Desde los directivos, que son los máximos responsables en velar para que la misión de la Orden se lleve adelante y se visibilice en cada una de sus Obras Apostólicas hasta el último colaborador, han de conocer y tener plena conciencia de que con su trabajo bien hecho, están contribuyendo al desarrollo de la misión de la Orden en el Centro, es decir a la evangelización y a la pastoral en el sentido más amplio, la cual no es responsabilidad exclusiva de los SAER, sino de todos los que desempeñan alguna tarea en el campo de le geriatría, por tanto todos “hacemos pastoral de la salud”.

La Carta de Identidad de la Orden nos recuerda: “Debemos dar una asistencia que considere todas las dimensiones de la persona humana biológica, psíquica, social y espiritual. Solamente una atención que trate todas estas dimensiones, al menos como criterio de trabajo, podrá considerarse como asistencia integral.” Es así que, la atención espiritual y religiosa forma parte esencial del proyecto y de la asistencia integral en nuestras residencias de mayores.