Pastoral

La espiritualidad, constructo con efecto sanador en el modelo asistencial sociosanitario

Todos hablamos de espiritualidad, un término cada día más de moda. Efectivamente, sabemos que existe y, sin embargo, su definición es controvertida o al menos difícil de realizar. La primera pregunta a plantearnos es ¿de qué hablamos cuando enunciamos que la espiritualidad está incluida en un modelo de asistencia sociosanitaria?; sin embargo, esta pregunta es sólo la punta del iceberg, porque lo siguiente sería la fórmula ‘cinco W (y una H)’[1]; es decir, Qué (What), Quién/Quiénes (Who), Cuándo (When), Dónde (Where), Por qué (Why) y Cómo (How), para enunciar lo que ofrecemos en nuestra cartera de servicios.

 

Si entendemos la espiritualidad desde un punto de vista antropológico, podemos afirmar que está inserta en lo que denominamos pastoral de la salud. En algunos ámbitos y para no acotar ni confundir la atención asistencial que se realiza, se denomina servicios de atención espiritual y religioso; aunque, en definitiva, lo que se pretende es que en el mundo del dolor, la pastoral no se quede sólo en el acompañamiento, sino que esté abierta también a una lucha profética en contra de las injusticias sanitarias, a dar importancia en la clínica al papel de los sentimientos, a aportar los dones del espíritu como herramienta de deliberación en el análisis de los problemas morales de la medicina.

                                                                                      

Todos conocemos los valores de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios que emanan del valor principal que es la hospitalidad; no obstante, ¿de qué se habla cuando se dice que espiritualidad emana de la hospitalidad?

 

Voy a jugar con las palabras…, y además de las definiciones que nos encontramos en internet, me voy a aventurar a decir que PASTORAL es HOSPITALIDAD, y viceversa; me explico: Pastoral es “Hacer el bien con Originalidad y caridad, Siendo conscientes que estar Pendiente del hermano siempre es algo nuevo. Es atención Innovadora, teniendo como meta la idea de ser testigos. Transformando procesos internos a través del encuentro interpersonal. Acompañando para acoger al ser humano en su vulnerabilidad Librándole de las ataduras que le oprimen. Introduciendo constantemente gestos que le inviten al Dialogo interno, desde sus necesidades más vitales. Acercarse, valorar, intervenir y confiar en que la persona va a ir Deviniendo en lo que realmente es su vida. Él es el protagonista”.

 

 

 

Hacer el bien: es el principal objetivo de nuestro modelo asistencial, ya nos lo decía San Juan de Dios «Si considerásemos lo grande que es la misericordia de Dios, nunca dejaríamos de hacer el bien mientras pudiésemos»[2] y por tanto también de la Pastoral.

 

Originalidad y caridad: hablar de originalidad es hablar de lo genuino, de lo auténtico, nuestra originalidad es el estilo juandediano, y por eso no podemos apartar la originalidad de la caridad “Tened siempre caridad”[3].

 

Siendo conscientes: Sí, su impronta y su estilo son los que siguen guiando nuestros pasos, son los que nos invitan a seguir caminando, pero es necesaria una respuesta, un ser conscientes del por qué.

 

Pendiente del hermano siempre es algo nuevo: es otra de las claves cuando hablamos del constructo espiritualidad, y es que caminamos al lado de personas. Pendientes de “nuestros hermanos” con rostros y nombres, y como cada uno tiene su propia psicobiografía, eso les hace únicos, y para nosotros alguien nuevo.

 

Innovadora, teniendo como meta la idea de ser testigos: y como cada persona es única, desde nuestro testimonio, y siendo testigos, vamos produciendo que brote algo nuevo en ellos, a veces en forma de sonrisa, otras con lágrimas en los ojos, desde lo profundo de la persona surge algo nuevo que altera la realidad, produciendo innovación. Para ser testigos se deben tener algunos rasgos específicos que pueden contribuir a caminar al lado de la persona que sufre.

 

Transformando procesos internos a través del encuentro interpersonal: la persona necesita echar la mirada hacia atrás y gozar recordando y compartiendo lo anterior. Desde el ‘momento’ en el que ahora se encuentra, se hace más fácil contemplar las huellas que la vida le ha dejado en su pequeña historia que todavía continúa. La narración de su experiencia de vida es terapéutica y sanante en sí misma, generándole una experiencia de sentido.

 

Acompañando para acoger al ser humano en su vulnerabilidad: La persona vulnerable, ante la presencia de otra persona hace suya la realidad, es como un detenerse para ‘darse cuenta’, tanto de lo terrenal como de lo trascendental.

 

Librándole de las ataduras que le oprimen: en el momento concreto de vulnerabilidad, en el que el ser humano se siente inseguro, necesita recobrar la «homeostasis»[4] o equilibrio vital, para volver a situarse con ánimos de esperanza.

 

Introduciendo constantemente gestos: ayudar a reconocer a través de gestos contenidos profundos de la vida, la importancia de las caricias, las miradas, los colores, los sentidos… en cada instante de la vida.

 

Dialogo interno, desde sus necesidades más vitales: afirmamos que la primera necesidad que tienen todas las personas, es la necesidad de sentirse amado. Transmitir de manera afectiva que todos somos seres amados y ese amor nos capacita a amar a otros; a amarnos los unos a los otros.

 

Acercarse, valorar, intervenir y confiar[5]: Aproximarse al prójimo de forma espontánea, devuelve a la persona vulnerable su dignidad y su valor, reconocer las cualidades y recursos de la persona desde una perspectiva asistencial afectiva, ser pro-activo en la acción y conectar al ser humano con sus propios recursos espirituales, creer en los recursos de la persona y dar esperanza

 

Deviniendo en lo que realmente es su vida. Con autenticidad y respeto, habrá que conducir a la persona a la oportunidad de encontrar un deseo (Presencia, principios, valores, actitudes) que, le vuelva a encender el gusto por la vida, más allá de la vulnerabilidad.

 

Con esta definición de pastoral, o de hospitalidad, hemos respondido a la fórmula ‘cinco W (y una H)’ para poder hablar del efecto sanador de la espiritualidad.

 

Norka C. Risso Espinoza

Agente de Pastoral

Centro San Juan de Dios Ciempozuelos



[1] Las "cinco W (y una H)" fueron resaltadas por Rudyard Kipling en su trabajo Just So Stories (1902), en donde un poema que acompaña a la historia de "The Elephant's Child" abre con: Tengo seis honestos sirvientes (me enseñaron todo lo que sé); sus nombres son Qué y Por qué y Cuándo y Cómo y Dónde y Quién.

 

[2] 1DS 13

[3] LB 15

[4] Cucci G., La fuerza que nace de la debilidad. Aspectos psicológicos de la vida espiritual, Sal Terrae, Santander, 2014, p. 122

[5] Ya hemos hablado del Itinerario AVIC en otro número de esta revista.