Pastoral

Las personas, para afrontar situaciones de crisis, buscan respuestas en sus fuentes vitales

Dr. José María Galán González-Serna

Curia Provincial
Orden Hospitalaria de San Juan de Dios

Provincia Bética

 

La espiritualidad como fuerza y motor de la experiencia religiosa es una faceta básica de las personas que se manifiesta en todo lo que es trascendente en nuestra vida.

En el ámbito sanitario internacional se ha definido la espiritualidad como "la dimensión humana que se refiere a la forma en que las personas buscan y expresan el significado y el propósito vital y la forma en que viven su conexión con el momento, con uno mismo, con los demás, con la naturaleza, el arte y con lo significativo o con lo sagrado."[1]

Hoy, se considera que el campo espiritual es multidimensional y abarca:[2]

  1. Los retos existenciales (por ejemplo, las cuestiones relativas a la identidad, significado vital, el sufrimiento y la muerte, la culpa y la vergüenza, la reconciliación y el perdón, la libertad y la responsabilidad, la esperanza y la desesperación, el amor y la alegría).
  2. Las consideraciones vitales basadas en valor y actitudes (lo que es más importante para cada persona, tales como relaciones con uno mismo, la familia, los amigos, el trabajo, las cosas, la naturaleza, el arte y la cultura, la ética y la moral, y la vida misma).
  3. Las cuestiones y fundamentos religiosos (fe, creencias y prácticas, la relación con Dios o lo último).

Esta dimensión también se refiere a la necesidad de encontrar significado vital en la crisis, lo que requiere una atención y ayuda específica para elaborar el sentido de la situación.

El ejercicio de la Espiritualidad se hace posible por la capacidad humana de autoconocimiento, de libertad, de búsqueda de significado de la experiencia de sufrimiento, de la capacidad de realizar un balance vital basado en valoraciones de hechos significativos y de nuestra conciencia de límite vital causado por la muerte como realidad ineludible.

Existen factores que modulan la vivencia espiritual entre los que destacan el grado de capacidad mental; el marco de creencias y valores personales, sean éstos filosóficos o religiosos, y el ejercicio de autodeterminación de la propia libertad para la toma de decisiones vitales. Ya Robert Emmons señaló cinco componentes de la inteligencia espiritual en el ser humano: capacidad de trascendencia, capacidad de experimentar estados elevados de conciencia, capacidad de influir en las actividades cotidianas y relacionarlas con un sentido de lo sagrado, posibilidad de utilizar recursos espirituales para resolver problemas de la vida, posibilidad de comportamientos virtuosos.[3]

Dicha capacidades permiten dibujar un constructo conceptual de la Espiritualidad que se fundamenta en las clásicas preguntas existenciales que todos los seres humanos con mayor o menor intensidad se realizan en algún momento de su vida y que parece que se intensifican en los periodos de dificultad, enfermedad, discapacidad y proximidad de la muerte.

Estas preguntas expresan necesidades humanas fundamentales y atañen a tres aspectos relacionados con “el ser existencial” como son:

  • El auto-reconocimiento y la auto-estima mediante las preguntas ¿soy?, ¿quién soy?, ¿por qué soy?
  • El sentido de la vida, su propósito y significado mediante la pregunta ¿para qué soy?
  • Y la conexión de la propia vida con otras realidades a través del cotinuum del tiempo, lo que se denominada trascendencia, mediante las preguntas ¿seguiré siendo? ¿qué será de mí?

Dichas necesidades espirituales esenciales se expresan en otras necesidades de carácter más operativo que consisten en la realización de acciones como el ejercicio de la interioridad, las acciones de “auto” y “hetero” reconocimiento personal en las que se incluyen los cuidados y la atención sanitaria; la concreción de metas vitales a través de la relectura de la vida y de la reformulación de objetivos; la conexión o vinculación con el cosmos lo que incluye conexión con el mundo de lo estético, del arte, con  la naturaleza, con los demás seres humanos o la humanidad en su conjunto; la conexión con un ser o fuerza superior o con un Dios concreto. En el caso del Dios cristiano que Jesús de Nazaret nos comunicó, es posible conectarse y vincularse a Él mediante una experiencia espiritual y religiosa a través de la oración, el servicio amoroso, la experiencia de amor fraterno, los rituales, la reconciliación, y otros Sacramentos.

Las personas, para afrontar esas situaciones de crisis, buscan respuestas en sus fuentes vitales: en unos casos estas fuentes serán religiosas, en otros podrán ser filosóficas, culturales o de otro carácter. El cuidado espiritual podría implicar una alianza con los pacientes, al modo en que preconizaba el P. Marchesi O.H. en su defensa de la humanización como modo de realizar la Hospitalidad, para compartir decisiones, ofrecer elecciones y soportar la atención apoyada en el sistema de creencias del paciente o persona atendida.

 

Referencias:



[1] Puchalski C et al. Improving the quality of spiritual care as a dimension of palliative care: the report of the Consensus Conference. Medicina Paliativa 2011; 18(1): 55−78

[2] Agora Spiritual care guideline working group. Spiritual care Nation-wide guideline, Version: 1.0. Nederland: 2013.

[3] Emmons, R. A. The psychology of ultimate concerns: Motivation and spirituality in personality. New York: Guilford Press. 1999.