Pastoral

La compasión como respuesta al sufrimiento

Elena Iglesias López*

Nos situamos en un contexto donde la tecnología y el mundo digital cada vez se desarrollan más rápido. Esto puede suponer un mayor avance en muchos ámbitos pero, como sociedad, la técnica no puede ser lo fundamental. La ciencia debe tener alma, no podemos dejar de lado, o menospreciar el componente humano. De nuestra inteligencia nace la libertad y la voluntad, una libertad que supone un riesgo, pues podemos elegir nuestra conducta y la intención que ponemos a nuestras acciones. Como bien dice V. Frankl, hemos levantado la estatua de la libertad sin haber construido primero la de la responsabilidad. Por ello, hagámonos responsables de los próximos pasos y del lugar que queremos que lo humano ocupe.

Este componente humano al que nos referimos se basa en el amor, la alegría, la esperanza y la búsqueda de la plenitud que es lo que da sentido a nuestras vidas. Pero también descubrimos el sufrimiento, propio y ajeno, y surge la necesidad de darle un sentido y valorar cómo situarse frente a él. Ante las preguntas y el cuestionamiento es cuando podemos discernir el momento presente, mirar a nuestro alrededor, descubrir a los otros y trascender (ir más allá - V. Frankl), sabiendo que hay algo mucho mayor que nuestra existencia, que escapa a nuestro control y entendimiento, pero de lo que formamos parte.  

La respuesta al sufrimiento es la compasión, tener una mirada afectuosa hacia quien sufre.  Como afirma el papa Francisco, es la manifestación del “amor” de Dios, el misterio del “amor”, es que Él nos ha amado primero, pero ante ello no podemos quedarnos indiferentes. El amor significa misericordia, es jugarse el corazón por los demás. Mirar hacia otro lado, ante quien lo que necesita es actuar con indiferencia[1]. Tanto en la parábola del hijo pródigo como en el buen samaritano, se “conmueven las entrañas” y la mirada antecede a la conmoción interior. Y es que las miradas duelen cuando se abren los ojos ante el sufrimiento, y desde el amor misericordioso de Dios, ya no puedes mirar hacia otro lado (J. Antolin Sánchez[2]). La mirada es lo que da consistencia a las cosas, la mirada compasiva es la que da dignidad al otro. La mirada cura, perdona, alivia, es donde me puedo encontrar con el otro. (M. Toscano[3]). Tener una mirada compasiva es lo que más nos va a acercar a Dios. No es una virtud más, es la única manera de ser verdaderamente humanos (J.A. Pagola).

Los cristianos, desde la responsabilidad, podemos desarrollar aptitudes positivas, anclarlas en nuestro corazón, con el fin de liberar nuestra mente de juicios negativos, incluso odios y obsesiones que son fuente de preocupaciones, siempre con el fin de generar una actitud natural de paz interior y exterior. La compasión, junto con la comprensión, son aptitudes que debemos cultivar. La compasión nos ayudará a sentir más empatía por los demás, a fortalecernos ante el sufrimiento y mejorar nuestras relaciones interpersonales.

Según afirma M. Ricard[4], la compasión hace que dejemos paso al valor frente a la resignación impotente, al amor en lugar de la depresión y la apertura hacia los que nos rodean frente a la estrechez mental. La comprensión es la aptitud o habilidad, para alcanzar un entendimiento de las cosas. Es tolerancia y paciencia, frente a situaciones concretas. Para desarrollar estas aptitudes, tenemos que salir de nuestro ego y practicar la atención hacia los sentimientos de los demás, esta actitud nos llevará a entender la situación del otro, a sentir con el otro y finalmente actuar, para ayudar. El cultivo de estas actitudes, nos produce alegría y calma.

Los cristianos, por nuestra fe, estamos llamados a transmitir al otro esperanza y vida, a acompañar y padecer CON-el-otro (“Anda y haz tú lo mismo” (Lc 10, 37)). Para ello disponemos de una valiosa herramienta, no sabernos solos pero sí capaces de lo siguiente:

1 – Cognición: reconocer del sufrimiento de los otros con la mirada (Jesús ve al que sufre y se acerca)

2 – Emoción: tener una apertura hacia nuestras emociones (Jesús sufre ante la muerte de su amigo Lázaro)

3- Intención:  disponernos a la acción (Jesús envía a los discípulos a sanar)

4- Motivación: finalmente no se puede quedar en una mera intención (hagamos presente aquí y ahora el Reino de los Cielos).

El amor y la misericordia es una realidad de lo humano. En las obras de misericordia encontramos acciones concretas que podemos poner en práctica en nuestro día a día. Como cristianos, procuremos en nuestros ámbitos profesionales tener y favorecer actitudes y comportamientos compasivos, por su efecto multiplicador, limitando así rivalidades y egocentrismos. Un profesional compasivo es aquel que está conectado con sus valores y obtiene beneficios frente al estrés, el cansancio o el burnout (Krausner, et al. 2009).

Como reflexión final, sintamos la necesidad de practicar la compasión, aliviando, acompañando y entendiendo el sufrimiento de quienes nos acompañan en el camino de la vida, ya estén lejos o cerca de nosotros, sin juicio ni egos, con una mirada amorosa que nos permita ver la realidad del otro tal cual es.

 

*Agente de Pastoral y profesora de la Escuela de Enfermería y Fisioterapia San Juan de Dios de Ciempozuelos

 



[1] Homilía Roma 01/2019

[2] La originalidad de la compasión cristiana. Estudio Teológico. 2012

[3] Ponencia VII Foro de Espiritualidad de La Rioja EL PODER DE LA COMPASIÓN UNIVERSIDAD POPULAR DE LOGROÑO

[4] En defensa de la Felicidad.2005.