Pastoral

Cómo acompaña la Orden Hospitalaria a las personas con discapacidad en su crecimiento espiritual

Lucía Rodríguez Fernández*

Descubrir cómo cuidar la dimensión espiritual en las personas con discapacidad intelectual es un reto que debe generar en todos una actitud de apertura e inclusión. Es toda una llamada vocacional para acompañar y sentirse acompañado, motivados siempre por el derecho de estas personas a que se le atiendan y se le ofrezcan los apoyos necesarios que contribuyan a aumentar su calidad de vida.

Somos responsables de dar respuesta al proyecto de vida y desarrollo de estas personas, destacando la oportunidad que significa su atención holística, manifestando la necesidad de ser acompañados en su proceso de maduración integral.

Como premisa indiscutible, debemos asumir que la discapacidad intelectual no es una realidad fija e incambiable, va siendo modificada por el crecimiento y desarrollo biológico y por la disponibilidad y calidad de los apoyos personales que recibe, en una interacción constante y permanente entre la persona y su entorno.

Por todo ello, se hace necesario estimular esta dimensión del ser humano que contribuye a un óptimo estado emocional y bienestar personal.

Desde la experiencia, constatamos que la dimensión espiritual en estas personas puede intuirse, explorarse y acompañarse a través de la búsqueda por satisfacer su equilibrio emocional y su necesidad de sentirse feliz, por las relaciones que establece consigo misma, con los demás y con lo trascendente.

Por lo tanto, las expresiones espirituales en la discapacidad intelectual tienen mucha conexión con los vínculos afectivos y los apoyos personales que se ofrecen, siendo esto una herramienta clave en el acompañamiento espiritual.

Como nos pasa a todos, en la biografía de las personas con discapacidad, también existen momentos especialmente significativos para despertar espiritualmente, casi siempre, asociados a situaciones de crisis o de oportunidad.

El descubrimiento de la propia espiritualidad es diferente en cada persona, por lo que la atención en estos aspectos deberá ser adecuada a su edad, fase de desarrollo y distintas capacidades cognitivas y comunicativas.

Cualquier experiencia transformadora, por mínima que sea, se puede convertir en una experiencia espiritual.

Así, cuando posibilitamos autonomía y autodeterminación, cuando favorecemos posibilidades de integración e inclusión laboral, desarrollamos creatividad en todas sus expresiones (musical, pintura, plástica, etc.) e incluimos sus creencias religiosas, estamos orientando nuestra intervención a la mejora de sus condiciones de vida.

  

Desde una labor pastoral, se proponen ciertos cuidados/apoyos espirituales siempre desde un trabajo interdisciplinar:

La escucha activa, respetuosa y empática, supone presencia y acompañamiento en momentos difíciles. Estar presente en su día a día, ofreciendo cercanía y diálogo, facilita la ayuda en conflictos, necesidades de integración, de ser querido y reconocido. La presencia y la mirada atenta y afectiva hace descubrir en el otro una percepción de sí mismo positiva y favorecedora del crecimiento interior.

Un modelo de relación sana y la creación de vínculos significativos nos van a ayudar también a favorecer el acceso a la interioridad y a potenciar la autoestima.

La educación en valores, los encuentros grupales, las celebraciones religiosas, son elementos propios de esta dimensión; son fuente de ayuda, siempre dentro del respeto, naturalidad, libertad, y competencia por parte del adulto.

Porque acompañar a personas con discapacidad intelectual, supone crear espacios donde la persona se sienta segura y en confianza para poder vivir sus circunstancias personales, sintiéndose acompañada.

El acompañamiento espiritual es un proceso que implica mantener una conexión profunda y significativa como preámbulo a la relación de ayuda.

Y es que, conectar espiritualmente con las personas con discapacidad para acompañarlas, presupone mantener una actitud de apertura, madurez, autenticidad y compromiso.

Estos cuidados requieren un acercamiento a la persona desde un íntimo respeto, para facilitar y promover su crecimiento y desarrollo.

 

*Agente de Pastoral

Ciudad San Juan de Dios de Alcalá de Guadaíra