Reportaje

K: la letra que salvó en Roma a decenas de familias judías del Holocausto

La comunidad de hermanos y el director médico, el doctor Borromeo, refugiaron en el Hospital de la Orden en la Isla Tiberina, en Roma, a familias judías que vivían en el barrio vecino y que lograron, así, salvar la vida

Amanecía el 16 de octubre de 1943 cuando las tropas nazis cercaban la Judería romana, el barrio donde se concentraba la población romana judía. Solo, durante aquellas primeras horas, fueron subidos a los camiones alemanes 1.022 judíos italianos a los que deportaron con destino a diferentes campos de concentración. Durante la ocupación, serían capturados otros 730 más, es decir, salieron de Roma 1.752 judíos, de los que solo lograron regresar a sus hogares acabada la guerra 118.

Concha G. Espinal

El barrio judío se encuentra a escasos metros y unido por un puente Cestio del 62 a.C. al Hospital San Juan Calibita, el centro hospitalario que la Orden de San Juan de Dios tiene en la conocida Isola Tiberina, una isla en medio del río Tíber que, ya en época del Imperio Romano, albergó el templo de Esculapio, el dios de la medicina y la curación.

Entre septiembre de 1943 y junio de 1944, el  hospital se encontraba en dependencia directa del Superior General Narciso Durchschein, ejerciendo como director médico el doctor Giovanni Borromeo que, además de ser un excelente profesional, fue un hombre justo y bueno que no dudó en abrir las puertas del centro para convertirlo en un enclave de referencia para la resistencia.

La comunidad de hermanos, en la que se encontraba el hermano Maurizio Bialek, elegido Prior en 1946, de origen polaco, gran valedor de las genialidades de Borromeo para dar refugio a sus compatriotas judíos, con la complicidad del cuadro médico del hospital, escondió en las dependencias del centro al menos a 46 familias de judíos que lograron huir sin ser interceptados por las SS. El puente romano Cestio  que separa la isla del conocido Ghetto, o barrio judío, fue el trayecto de salvación para estos romanos a los que el doctor Borromeo diagnosticó la ‘Enfermedad de K’ -en italiano, Morbo di Cappa-, un mal que nunca existió y que sirvió para aislarlos en la Sala Assunta, una de las dependencias más amplias del centro equipada con camas y que hoy hace las veces de salón de actos del hospital.

La ‘Enfermedad de K’ fue la solución que Borromeo ideó para disuadir a las tropas nazis que inspeccionaban constantemente el centro, de entrar en la Sala Assunta e identificar a las familias que se encontraban allí teóricamente hospitalizadas. Según explicaba a soldados italianos y alemanes al llegar a la puerta de esa sala durante las inspecciones, él no podía impedir su acceso a aquel espacio anexo que separaba con una gran cristalera del resto de la sala, pero debía informarles de que en el interior se encontraban pacientes afectados de esta enfermedad, altamente contagiosa y para la que no autorizaban la hospitalización con otros enfermos, para evitar la epidemia en la medida de sus posibilidades.

Sin embargo, la letra que dio nombre a esta patología fue fruto del sarcasmo con el que Giovanni Borromeo quiso bautizar un mal tan peligroso, pues la K era la inicial del apellido de uno de los jefes, en Roma, de las SS y la Gestapo, el general Kappler; así como también era la inicial del apellido del comendador de las tropas alemanas en Italia, el general Kesserling.

El doctor Borromeo falleció rodeado de su familia, en una de las habitaciones del Hospital San Juan Calibita en agosto de 1961. Pero antes de morir recibió el reconocimiento ‘Justo entre las naciones’ del Gobierno Israelí y la medalla de la ciudad de Roma por el compromiso y la protección que ofreció a sus compatriotas. El hermano Maurizio fue también reconocido con la Medalla de Plata al Valor Militar.

La brillantez del médico, la hospitalidad de los Hermanos de San Juan de Dios y la valentía de todos cuanto fueron cómplices de esta historia, permitieron que, al menos aquellas familias, pudieran regresar a sus hogares sanos y salvos, libres del genocidio nazi que acabó con más de seis millones de judíos.

En el número 16 de 2018 de la revista Archivo Hospitalario pueden ampliar la información y ver más imágenes del hospital y la sala Assunta.

El Superior del hospital, Ángel López O.H., un hermano de la Provincia Bética

Actualmente, el Hospital de la Isola Tiberina tiene como Superior al hermano Ángel López, de la Provincia Bética, profundo conocedor de la cultura y arte romanos.

El hermano Ángel, de XX años de edad y natural de Casatejada (Cáceres) se ha ganado el cariño y la admiración de los colaboradores del hospital a lo largo de los casi seis años que lleva como Superior.

En las visitas que los colaboradores realizan a Roma, el paso por el hospital Fatebenefratelli, como es conocido en la ciudad, es obligado para admirar el edificio, asentado sobre los restos del templos romanos y saludar al hermano y dejarse llevar por las preciosas historias que guarda el centro y que él rescata, con paciencia y fervor, para volver a darles vida.