Rostros

José Martínez: “El voluntariado es una escuela de formación en Humanidad”

Quince años unen a Pepe a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Durante este tiempo ha descubierto en el voluntariado una forma de vida. “Si lo adoptas con una actitud positiva y si superas el estigma que padece la salud mental, el voluntariado se convierte en una escuela de formación en Humanidad, y esto no tiene precio”.

Raquel Lozano

Todos le conocen como Pepe, una persona cercana, amable y muy implicada en la Orden Hospitalaria. Como él mismo señala, “me volqué en el voluntariado al llegar mi prejubilación laboral y sin tener una idea clara me dirigí un buen día al Hospital de San José, en Ciempozuelos (nombre que antes tenía el Centro San Juan de Dios)”.

Admite que en esos momentos desconocía las labores concretas de los voluntarios pero confiesa: “Bullía en mí cierto deseo de desarrollar actividades que me permitieran crecer y profundizar en mi concepto de vida, que es vivir practicando los valores derivados de un humanismo cristiano. Hoy, tras quince años de aquella decisión, puedo afirmar que están siendo los años de mayor crecimiento humano y espiritual  de mi vida”.

En la clínica Nuestra Señora de La Paz empezó hace nueve años y durante siete compaginó su labor en ambos centros. Actualmente, colabora con el Servicio de Atención Espiritual y Religiosa junto a Calixto Plumed O.H., la responsable del Servicio de Atención Espiritual y Religiosa (SAER) en la clínica, Elena Iglesias, y la responsable provincial, Begoña Moreno. Su función se centra en la preparación de las Eucaristías los domingos y festivos y desde hace unos meses lleva a cabo un proyecto nuevo llamado Música para la interioridad, en el que “se escucha música sinfónica de relajación, una actividad abierta a los pacientes de psiquiatría, familiares, visitas, trabajadores, etc.” y tiene como finalidad “ofrecer un espacio donde aparcar las preocupaciones diarias y facilitar que fluya la espiritualidad que habita en nuestro interior”.

Durante estos quince años de voluntariado, Pepe ha hecho “prácticamente de todo”. “En Ciempozuelos tuve la suerte de tener a Gracia Polo como responsable de voluntariado. Ella me formó y la tengo siempre presente como referente, hasta el punto que digo que mi casa madre es Ciempozuelos”, explica.

De los hermanos de San Juan de Dios, a los que admira y de los que reconoce seguir aprendiendo, como en su día lo hizo de los hermanos Zorrilla y Florido, alaba su forma de vivir y transmitir el Evangelio, “sin sermones, llenos de Humanidad en la que hacen presente a Cristo en los demás, en el prójimo,  una labor callada y como en los Evangelios, una labor para los que quieran ver y oír, volcados en la acogida y en la hospitalidad a los necesitados”. Señala que cuando el Papa Francisco empezó a hablar de la Iglesia de las periferias, “para mí la única novedad fue encontrarme con un nombre a la tarea que desempeñan todos los miembros de la Orden”.

Transcurrido este tiempo, Pepe asegura: “El voluntariado, para mí, ya es una opción de vida”.