“La hospitalidad fomenta una sociedad más inclusiva y fraterna”

CONCHA GARCÍA ESPINAL

Jesús Etayo O.H., navarro de 57 años, es el Superior General de San Juan de Dios, esto es, el responsable de la Orden en el mundo. A este hombre, reservado a priori, cercano en la conversación, le gusta escuchar canciones de Mecano, de Ana Belén y Víctor Manuel, disfrutar del fútbol cuando tiene tiempo y salir a pasear a un parque cercano a Vía della Nocetta, donde vive en Roma. Difundir la hospitalidad, cuidar a los que más lo necesitan y sentar las bases del futuro de la Orden son prioridades para el Superior General, que, desde su humildad, se considera un hermano más de San Juan de Dios; para la Orden, el timonel del barco.

¿Qué significa ser el máximo responsable de San Juan de Dios en el mundo?

Ser Superior General de San Juan de Dios es, antes que nada, un honor. La realidad es que nunca esperas llegar a ser Superior General, porque uno no se ve nunca con las cualidades necesarias. Pero más allá de esto, es una responsabilidad muy grande, sobre todo en lo que respecta a las personas y a la institución. Se trata de animar y gobernar la vida de la Orden con todos los desafíos que existen, aún más en este tiempo que nos toca vivir.

Hace casi 500 años que nació la Orden en Granada. ¿Es hoy lo mismo que fue?

La situación actual es muy diferente en todos los ámbitos: político, social, religioso… Pero yo diría que el germen, el espíritu, intentamos que siga siendo el mismo. Digo ‘intentamos’ porque ser igual que San Juan de Dios es muy complicado. La Orden ha estado presente en Granada prácticamente desde siempre y en este momento tiene una presencia importante, conocida y querida por el pueblo de Granada. Yo creo sigue vivo el espíritu que movió a nuestro fundador a iniciar esta obra, lógicamente con las circunstancias de hoy.

¿Piensa que la hospitalidad, valor central de la institución, cómo muchos valores, está en crisis?

Yo pienso que no solo no está en crisis, sino en alza, porque si miramos el mundo en el que vivimos, una de sus características son los movimientos de personas, la migración. Todo el mundo va de aquí para allá, por diferentes motivos; los más tristes, por la guerra y por el hambre. La pregunta es cómo acogemos hoy a las personas. Las podemos acoger de una manera hospitalaria, amable, amiga; o las podemos rechazar, tratar con hostilidad, en vez de con hospitalidad. Por eso creo que la hospitalidad es un valor central para la sociedad de hoy, no solo desde el punto de vista religioso, sino desde el punto de vista social, ético. Hay crear cultura de hospitalidad en nuestro mundo, porque ¿cuántas personas vemos por las calles, solas? Es comparable, de nuevo, con lo que ocurría en tiempos de San Juan de Dios, que cuando llegó a Granada se encontró una ciudad a la que iban y venían muchas personas y lo que él hacía era acoger a todos, desde una motivación religiosa, pero puede haber otras motivaciones también para acceder a la hospitalidad. Hay muchos gestos de solidaridad y acogida. Ciertamente también hay muchos miedos, y el miedo lleva a cerrar las puertas y los corazones, a sospechar de todo. Por eso tenemos que promover más la cultura de la hospitalidad, porque es lo que posibilita entre los seres humanos que hablen, que tengan confianza, lo que nos lleva a crear una sociedad más inclusiva y fraterna.

Con la muerte de los hermanos y de tantas personas a causa del ébola, hemos podido conocer la realidad a la que está expuesta la sociedad africana. ¿Ha sido una oportunidad para acabar con ese desconocimiento y pasividad?

Sin duda, a la Orden se le ha conocido mucho más y la gente ha tenido oportunidad de acercarse más a San Juan de Dios, porque además hemos recibido numerosos reconocimientos y premios que han ayudado a que mucha gente conociese con más profundidad la institución y la misión que realiza. Lo que más valoro yo de todo esto es el ejemplo que nos han dado los hermanos y colaboradores, la fuerte llamada que ha significado para nosotros el hecho de demostrar que dedicarse a los demás no es un discurso, sino que es una realidad que a veces se paga con la vida. Esto revaloriza mucho el sentido de nuestra vocación, el sentido de la misión de la hospitalidad.

La Orden ha declarado 2015 Año de las Vocaciones Hospitalarias. ¿Qué mensaje quieren hacer llegar a través de esta iniciativa?

La idea no es otra que promover la hospitalidad. Esto hay que hacerlo siempre, pero este año nos pusimos como objetivo hacerla más visible. Los objetivos fundamentales son, por un lado, que aquellos que vivimos la vocación de la hospitalidad la celebrásemos y renovásemos; y por otro, impulsarla y promoverla, porque esta iniciativa no solo va dirigida a los hermanos, sino también a los colaboradores, porque la hospitalidad no es propiedad de nadie, y los colaboradores, los jóvenes, cualquier persona puede ser llamada a vivir el carisma de la hospitalidad. De ahí lo de ‘Súmate a la hospitalidad’, porque en el fondo se trata es de sumar el máximo de fuerzas.

¿Cuáles son las obras que más le conmueven?

Me conmueven todas, porque en todas hay personas que sufren. Pero, desde luego, siempre los niños, los pequeños en fase terminal, los que tienen algún tipo de discapacidad, aquellos con daños cerebrales. Me conmueven personas a las que he visitado en las cárceles, personas que viven en los albergues… Siempre que estás delante de una persona que sufre, te conmueves. Y me conmueve mucho ver cómo hermanos y colaboradores trabajan con ellos, cómo les cuidan, con el cariño que lo hacen.

Tradicionalmente, los hermanos se asociaban a las obras apostólicas. Sin embargo, debido a la falta de vocaciones, hay centros de la Orden en los que no hay hermanos y están siendo gestionados y dirigidos por colaboradores. ¿Qué opina de ello?

En algunos centros hace ya años que se da la situación de que la dirección está a cargo de colaboradores. La realidad es que en estos últimos años hemos ido creciendo en centros y en obras y disminuyendo en número de hermanos, y es por esto que no hay hermanos para todos los lugares. Yo no soy pesimista porque conozco varios centros que están siendo llevados por colaboradores y puedo decir que en ellos se respira, si no igual, parecido, el espíritu de San Juan de Dios. También es cierto que en los centros en los que no hay comunidad de hermanos, procuramos ir, estar, hacernos presentes, porque además, aunque la dirección corra a cargo de personal laico, no hay ruptura, pues la Curia Provincial siempre vela por que no falte la presencia de hermanos de una u otra forma.

Por este mismo motivo, muchas congregaciones religiosas están restructurándose de modo diferente. ¿Cómo afronta la Orden de San Juan de Dios su organización de futuro?

Este es un desafío irrenunciable, no podemos dejarlo para después. Los acontecimientos y el tiempo pasan rápido y hemos iniciado un proceso de pedir a todas las provincias de que comiencen a trabajar, discernir, reflexionar sobre el futuro de las provincias y de la Orden. Y estamos en esos primeros momentos, que siempre son más difíciles. En España ya existe una comisión que ha comenzado a trabajar en esto, a pensar, discernir, a ver. A veces la gente empieza por el final y nos pregunta si vamos a unificar las tres provincias españolas. Yo no sé cuál va a ser el resultado final. Lo realmente importante es ponernos a pensar en cómo creemos y queremos que continúe la Orden en los próximos años, respondiendo a las necesidades que se le plantean, y no solo atendiendo a las estadísticas, a que seamos menos hermanos, porque esto solo llevaría a tener una visión a corto plazo, pues si ahora somos 10 en un lado y 10 en otro y nos unimos, seremos 20. Pero si no hacemos nada más, dentro de 10 años volveremos a ser 10. De lo que se trata es de discernir qué proyecto de Orden queremos en todos los sentidos para los próximos años: misión, vida de hermanos, presencia… Y esto, probablemente, va a requerir de una renovación y de un cambio en muchas cosas.

Usted viaja constantemente debido a sus responsabilidades y tiene la oportunidad de ver y vivir la Orden desde muy distintas perspectivas geográficas. ¿Qué diferencias existen entre lo que hace San Juan de Dios de un continente a otro?

Las realidades culturales son diferentes y eso marca a nivel institucional, personal y a todos los niveles. Pero la misión y el espíritu no varían tanto. Japón, por ejemplo, es muy diferente a España, los japoneses son diferentes a los españoles, pero lo que hacen es una misión parecida. Tienen un centro de Salud Mental y otro dedicado a niños con discapacidadvy la labor es, realmente, la misma que aquí, con su manera y estilo.

¿Cómo le gustaría ser recordado cuando cumpla con sus responsabilidades como Superior General?

Quisiera que los hermanos y los colaboradores me recordasen como un hermano entregado plenamente al servicio de la Orden. Esto es para mí lo más importante. Todo lo demás son éxitos y fracasos del Superior General y de todos los demás, porque uno solo no hace nada. Como tema de calado, es verdad que estamos afrontando el futuro de la Orden como hemos hablado, y no es que quisiera que me recordaran por esto, sino que me gustaría que en estos años que nos quedan fuésemos capaces de afrontarlo para bien de la Orden y de todos.