El espíritu del limosnero

ANA FERRERA

Aurelio Vives O.H. ha ejercido durante más de 40 años la labor de limosnero de la Ciudad San Juan de Dios de Las Palmas de Gran Canaria. Actualmente y, a sus 90 años de edad, recuerda con entusiasmo sus comienzos y aún hoy continúa visitando cada mañana a las empresas para solicitar ayudas.

El hermano Aurelio ha dedicado toda su vida a trabajar por los más necesitados. Y es que fue durante su niñez cuando sintió la llamada de servir a los demás. Por aquel entonces, estudiaba en el colegio de las Esclavas Concepcionistas en su pueblo natal de Jaén, donde descubrió la labor que realiza la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

De sus inicios destaca la figura del hermano Ernesto, a quien ayudaba llevándole los recibos cuando recorría Linares pidiendo limosna para los más desfavorecidos de su pueblo.

Contaba diez años de edad cuando Aurelio Vives O.H. se trasladó a Ciempozuelos para entrar en la escolanía y, ya con la mayoría de edad y tras haber pasado por el noviciado, tomó los hábitos y se convirtió en el responsable de un pabellón con 300 hombres, con la misión de cuidar a los enfermos.

Posteriormente se le encomendó la tarea de enseñar a los futuros. De esta forma se referían a los estudiantes de menor edad que más adelante se convertirían en religiosos. Todavía recuerda con cariño a quienes empezaban a formar parte de la Orden, como el que fuera superior de la Ciudad San Juan de Dios de la capital grancanaria, Ángel Dolado O.H., o quien desempeña este cargo en la actualidad, José Cárdenas O.H.

Tras un nuevo destino en Tenerife, llegó a Las Palmas de Gran Canaria en 1976. Tenía como encargo ejercer de limosnero para solicitar ayuda a los empresarios de la capital. De esta forma y, tras pasar más de 40 años desempeñando esta labor, contribuía de manera significativa a dar a conocer la que por aquel entonces fuera la recientemente creada Ciudad San Juan de Dios.

Actualmente y, a sus 90 años, destaca por ser un hombre cercano y querido, capaz de visitar cada día a los responsables de las empresas colaboradoras. Su trabajo va estrechamente ligado al esfuerzo por transmitir los valores de la Institución y, para ello, nunca solicita dinero, sino productos alimenticios.

Si la bondad entendiese de personas, sin duda, el hermano Aurelio sería su fiel reflejo. Y es que la figura de este hombre comprometido, admirado y sonriente lleva consigo toda una vida dedicada a los demás.