“La orden siempre encuentra un camino para facilitar la colaboración”

ESTHER PAREJO

Mila y José Antonio son un matrimonio normal. Tras más de 30 años dedicados a los análisis clínicos dirigiendo su propio laboratorio, sus vidas dieron un giro de 180 grados en el que la Orden de San Juan de Dios se cruzó en sus caminos. Un encuentro aparentemente casual pero que para ambos ha supuesto un antes y un después en su día a día. Como voluntarios de la Obra Social, son muchas las experiencias de solidaridad adquiridas, pero han sido muchas más las satisfacciones personales al saberse útiles para los demás.

Para Milagrosa Fuentes y José Antonio Torrecilla, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios supone un punto de inflexión en sus vidas. La primera vez que tomaron contacto con los hermanos fue asistiendo a las eucaristías de los domingos en el hospital San Juan de Dios del Aljarafe, centro que por aquel entonces acababa de abrir sus puertas en una zona próxima al recién estrenado domicilio familiar. El legado de San Juan de Dios les marcó profundamente desde esos primeros instantes; sin embargo, fue la grave enfermedad que azotó a José Antonio el detonante de esta historia de colaboración y solidaridad.

“Ya tenía algunos problemas de salud que desencadenaron en una neumonía muy grave por la que permanecí ingresado prácticamente un mes”, comenta José Antonio, aún con el escalofrío que le causa el recuerdo de este trance. Pasados los momentos más críticos, en los que llegó a debatirse entre la vida y la muerte, José Antonio pasó al área de Hospitalización para afrontar una larga y delicada recuperación. Los días se hacían interminables, pero en ese lento trascurrir de las horas pudieron comprobar que el trato que se dispensaba en este centro era diferente. “Era evidente que aquí se trataba al paciente con un respeto y una humanidad diferentes. La Orden siempre encuentra un camino para facilitar la colaboración con los más débiles”, algo que tampoco pasó desapercibido para Mila.

“Pasé muchas horas sola en el hospital y un día, coincidiendo con el 8 de marzo, día de San Juan de Dios, me encontré con el mercadillo solidario y sentí que tenía que colaborar”. Mila había abierto junto a su hija una tienda de ropa de bebé hecha a mano que no había ido como esperaban, así que decidieron donar a la Orden todo el stock que tenían. Esta fue la primera vez que colaboraban y posteriormente ambos decidieron hacerse voluntarios de la Obra Social.

Tras toda una vida en el sector biosanitario, la enfermedad de José Antonio y su lenta recuperación obligó a ambos a cambiar radicalmente de vida abandonando su profesión para emprender un nuevo camino lleno de proyectos. Hoy han cerrado ese capítulo de sus vidas de una forma simbólica: donando todo el material del que fuera su laboratorio de análisis clínicos a San Juan de Dios para que pueda ser de utilidad en el hospital que la Orden tiene en Ghana.