Misericordia & Hospitalidad

La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios recibió el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2015 en el Teatro Campoamor el pasado 23 de octubre en una solemne ceremonia presidida por SS.MM. los Reyes.

“Los hospitalarios, que conocen muy de cerca el dolor humano, desempeñan una labor abnegada, pero inherente a su razón de ser, a su fe, a su sentido del deber.  Por eso, además, su ejemplo sublime de compasión y caridad, de generosidad y alegría, es una llamada de alerta constante para nosotros. Cuando con su obra dan testimonio de vida verdadera, sabemos que sin su entrega, sin su misericordia, todos estaríamos un poco más solos, un poco más desprotegidos” (Felipe VI, 23.10.2015).

La misericordia es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. La misericordia es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. La misericordia es la vía que une al hombre a Dios porque abre el corazón a la esperanza de ser amado para siempre a pesar del límite del pecado. Y Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre (Cf. Misericordiae Vultus [MV], 1 y 2).

El Año Santo de la Misericordia se inicia el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción. Es buena ocasión de recordarnos las palabras que San Juan XXIII pronunció en la apertura del Concilio Vaticano II para indicarnos el camino a seguir: “En nuestro tiempo, la esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia y no empuñar las armas de la severidad”. Y, asimismo, el beato Pablo VI, en la conclusión del Concilio se expresaba de esta manera: “Queremos más bien notar cómo la religión de nuestro Concilio ha sido principalmente la caridad… La antigua historia del samaritano ha sido la pauta de la espiritualidad del Concilio” (Cf. MV, 3 y 4).

Así, la misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor. Lo que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la misericordia, con la cual leía el corazón de los interlocutores y respondía a sus necesidades más reales. La misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón. Entendemos que debemos  hablar de la experiencia del perdón, de la psicología del perdón, de la reconciliación para con uno mismo y para con los demás (Cf. MV, 6-9).

La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios vive la misericordia traducida en hospitalidad-acogida como nueva evangelización. Como expresión fundamental y central del estilo y el patrimonio cultural y espiritual. Es el referente esencial de su misión a nivel asistencial, de la gestión de los recursos humanos y económicos, de la formación e investigación y de todo lo que tenga que ver con la puesta en marcha de sus proyectos concretos en cualquier lugar del mundo. La misericordia-hospitalidad-acogida es el valor esencial y transversal, aquello que, porque es bueno, resalta el bien al que se tiende y se quiere conseguir. Es una virtud principal, la práctica habitual que nos acerca al valor esencial. Es un imperativo ético central, la referencia básica del deber ser, con uno mismo y con los demás. Es ser acogedor y tratar a los demás con educación y respeto, en cuyas relaciones hay obligaciones y responsabilidades. El huésped y el anfitrión están en mutua relación: no existe el uno sin el otro (Cf. Camino de Hospitalidad  al estilo de San Juan de Dios, 50).

En la revista San Juan de Dios, justificamos con sinceridad facetas que nos animan a manifestar a los demás el buen hacer y lo compartimos con los lectores. Porque sabemos que el que practica la misericordia ha de hacerlo con alegría (Cf. Rm 12,8). Presentamos actividades y métodos rehabilitadores innovadores, trabajamos por la inserción de los más marginados, formamos profesionales excelentes y fomentamos el acompañamiento espiritual y la evangelización de las personas que se nos aproximan o que salimos a su encuentro.

Abrimos nuestros ojos para mirar a las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad y nos sentimos motivados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechan sus manos y los acercamos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad (Cf. MV, 15).

Ahí estamos, desde la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, velando por llevar a cabo la misericordia-hospitalidad-acogida, cuidando del hombre y haciéndonos más humanos, que es cuanto nos importa en definitiva.