La convivencia como fuente de aprendizaje

Los pisos tutelados para personas con problemas de salud mental, dependientes del Centro Asistencial San Juan de Dios de Málaga, ofrecen la oportunidad a los pacientes de vivir en comunidad y fomentar valores como la responsabilidad y la colaboración.

Isabel Cruz

Tareas tan sencillas y cotidianas como lavar la ropa o ir a hacer la compra se convierten en todo un reto de superación para los residentes de los pisos tutelados en Málaga. La convivencia, autorresponsabilización, cooperación y, en definitiva, el desarrollo personal de los individuos, son factores que durante la hospitalización se van mermando, por lo que esta iniciativa pretende continuar con el seguimiento del paciente, fomentando su integración social y autonomía en el entorno doméstico y comunitario.

La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios inauguró el Dispositivo Rehabilitador Externo en enero de 1996 con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los enfermos. La coordinadora asistencial de los pisos tutelados, Laura Gutiérrez, explica que “la estancia en un piso supone adquirir responsabilidades nuevas y enfrentarse a desafíos importantes que conllevan alcanzar grandes beneficios sobre todo a nivel personal y psicológico”.

Estos pisos tutelados dependen del Centro Asistencial San Juan de Dios de Málaga, que actualmente cuenta con 21 plazas y seis viviendas. El director médico del centro, Diego Arenas, sostiene que esta experiencia, realizada también en otros países, “contribuye a que los residentes estén mejor atendidos y se sientan mucho más integrados socialmente”. En este sentido, considera que la integración y socialización de los pacientes juega un papel muy importante en la mejora de su enfermedad.

El paso de la hospitalización a la convivencia diluye la línea que separa los roles de doctor y paciente, lo que permite generar un clima más distendido que favorece el tratamiento de la enfermedad mental y el crecimiento personal. Así lo afirma el psicólogo del Área de Salud Mental Sergio Puyol, quien plantea que “el grupo que convive supone una red social de apoyo importante y un elemento regulador de las dinámicas disfuncionales frente al estilo directivo que puede darse en un contexto más institucional”.

El día a día de los residentes

La vida en los pisos tutelados no dista en absoluto de cualquier hogar. Los residentes compaginan la realización de tareas domésticas con actividades ocupacionales y formativas fuera de la vivienda. Aprenden a resolver conflictos cotidianos y se desenvuelven con autonomía a pesar de estar acompañados por los auxiliares de enfermería durante las 24 horas del día.

Rafael vive en los pisos desde octubre de 2017. Cada mañana colabora en el Taller de Salud Mental del Centro Asistencial. “Realizo compras para los talleres de cocina, también recargo tarjetas de autobús para compañeros, ayudo a las compras para los cumpleaños, voy a comprar comidas para los periquitos…”, señala. Rafael explica que también ha aprendido a administrar su propio dinero, el común y las compras.

Manuel reside en los pisos desde hace seis años. Al igual que Rafael acude a laborterapia cada día, y además, manifiesta la buena relación con sus compañeros de piso: “Me llevo muy bien con todos, solemos salir juntos a hacer actividades”. Su compañero José Luis agrega que “en muchas ocasiones se piensa de la misma manera, lo que facilita la convivencia en armonía”.

El centro lleva a cabo actividades para fomentar precisamente esa convivencia armónica y la resolución de conflictos. Como plantea Sergio Puyol, la idea es “crear y fomentar espacios comunes donde puedan exponer sus problemas y proponer alternativas dándoles un papel activo en la solución de los mismos manteniéndonos como mediadores”. “Les connotamos positivamente su capacidad de adaptación entendiendo lo difícil que es convivir con alguien que no eliges, a veces ni conoces y, como todos, tiene sus manías o peculiaridades”, añade.

Yago regresa a casa después de acudir a talleres de manualidades y se dedica a tocar el piano, pintar o leer. Revela que participa en todas las actividades que puede, ya sea “manualidades, gimnasia, caminatas, meriendas, juegos de mesa…”. Tal y como indica Laura Gutiérrez, sobre los objetivos bajo los que se trabaja en los pisos, se pretende “favorecer las iniciativas de los propios residentes para la realización de actividades prelaborales, ocupacionales y de ocio”.

Los pisos tutelados permiten que los pacientes reciban cuidados integrales, de carácter físico psicosocial y espiritual, bajo el abrigo de un hogar. Laura Gutiérrez enfatiza que “la dignidad de cada persona exige de nosotros los mejores cuidados, al margen de su situación física, psicológica y mental”. La aproximación a los pacientes se realiza desde “una visión integradora, los valoramos como personas y los asistimos, ayudamos y acompañamos en el aprendizaje de estrategias que les capaciten para el logro de la armonía y equilibrio consigo mismos, con los demás y con su entorno”, concluye.

El regalo de la libertad

La entrada en los pisos tutelados supone abrir las puertas a una nueva forma de vida para los pacientes, en la que la principal ventaja es el sentimiento de libertad que les confiere. Como señala Sergio Puyol, los residentes de los pisos “necesitan menor supervisión, mejoran en tolerancia y se reduce la dependencia institucional”.

Detrás de los buenos resultados del Dispositivo Rehabilitador Externo se encuentran los profesionales que velan por el cuidado de los pacientes y en su forma de actuar reside el valor supremo que caracteriza a la Orden: la hospitalidad.