“La Orden no se posiciona a la defensiva ante esta crisis; sólo nos impulsa a ser más creativos, eficaces y eficientes”

CONCHA GARCÍA ESPINAL

José Antonio Soria Craus es el nuevo hermano Superior de la Provincia Bética de San Juan de Dios. En esta entrevista relata cómo la Institución aborda la crisis económica, explica que asume su nueva responsabilidad con la máxima humildad y  recuerda que los enfermos y los más débiles son las prioridades, bajo el carisma de la Institución y la hospitalidad.

Abordamos este encuentro en un ambiente distendido, entre comentarios simpáticos y viejos recuerdos, ya que prácticamente nació en la Orden Hospitalaria. Sus padres lo inscribieron en la Escuela Apostólica de Córdoba a los 11 años, al valorar la educación de vida que impartía el centro. Posteriormente se vinculó a San Juan de Dios y ha desempeñado distintas misiones y responsabilidades. Hace unas semanas fue elegido nuevo Superior por la comunidad de hermanos de la provincia.

PREGUNTA.- ¿Qué significa ser el superior de la provincia Bética?

JOSÉ ANTONIO SORIA.- En mis primeras palabras a los hermanos, ya les expresaba mi agradecimiento porque con mi elección me ofrecían la oportunidad para seguir madurando en fe, sabiduría y gracia como persona y como religioso. Y en esos primeros momentos, con la incertidumbre ante esta responsabilidad, ponerme en las manos de Dios como apoyo que me guíe e ilumine todos los días para ser más que nunca un hermano para los demás.

Ser Superior Provincial es un honor, pero nunca un privilegio. En palabras de Jesús de Nazaret, y especialmente para un hermano hospitalario, es un servicio, un estar disponible siempre a escuchar, acoger, acompañar, animar y alentar a todos. Yo entré en la Orden en un principio atraído por su mision, porque ya en mi época adolescente, cuando estudiaba en Ciempozuelos, me llamaba la atención el estilo en que los hermanos se relacionaban con los enfermos, los atendían, los cuidaban. Me impresionó comprobar cómo trabajaban para integrar en la sociedad a los más estigmatizados. A partir de ahí, descubres  que detrás está la llamada de Dios a la Consagración en Hospitalidad, que se puede ser feliz, como lo han sido muchos hermanos a lo largo de la historia, en una vida religiosa dedicada a los demás, a los más desfavorecidos, vulnerables y débiles. Con ese mismo propósito desde la responsabilidad de Superior Provincial acepto con gratitud y esperanza este cargo, desde el que seguiré trabajando para que sean estas personas quienes reciban toda nuestra atención, recursos y amor.

La inmensa confianza que tengo en cada uno de los que formamos la provincia --hermanos, trabajadores, voluntarios y bienhechores-- es para mí  nuestra gran fortaleza, ya que veo la provincia como una gran orquesta con multitud de instrumentos en la que a todos nos corresponde componer la letra, pero con una música llena de esperanza, ilusión, creatividad y audacia, y si el Señor es el director, poco importa la batuta.

P.- ¿Cuáles son los objetivos fundamentales del nuevo Provincial.

JAS.- Los objetivos no los marca el nuevo provincial; los marcan nuestras Constituciones y Documentos de la Orden, y en la provincia la operatividad de ellos los señala nuestro Plan Estratégico Provincial. Este último Capítulo nos ha ofrecido unas líneas de acción muy concretas tanto para el gobierno como para la gestión. Es nuestro sueño hacer una provincia más evangelizadora, más inclusiva, más solidaria y más cercana a las necesidades de los enfermos: en definitiva, más hospitalaria. 

El Capitulo provincial nos llama a trabajar y potenciar la pastoral social y de la salud, la bioética, el voluntariado, la formación institucional a nivel provincial y local, la captación de fondos y la investigación, así como a crear comisiones de desarrollo solidario en los centros que detecten necesidades del entorno y a poner en marcha proyectos que den respuesta. Nuestros objetivos son grandes, pero creo que existe mucha ilusión, compromiso y seguro que dedicación por hacerlos realidad en todos los que formamos la Provincia.

P.- Usted es un hombre de misiones. En sus estancias en lugares como Liberia ha visto muchas más cosas de las que hubiera querido ver. Ahora su trabajo se centra aquí, en España, en su país y con sus paisanos. Sin embargo, ¿trabajar en esta coyuntura de crisis, con lo que ello implica, puede considerarse también una misión?

JAS.- A propósito de África, es un escenario de muchas de mis primeras experiencias, allí vi morir a un niño por primera vez en mi vida. Desgraciadamente, después le siguieron muchos. También vi nacer a muchos más y fue mi primer contacto con la tuberculosis, el SIDA, el hambre, la guerra, el miedo, la miseria y las personas que no tienen absolutamente nada para vivir.

Hoy, desgraciadamente, en nuestro país estamos conociendo a familias, adultos y niños, que viven en unas situaciones extremas de necesidad. El carisma y la misión de la Orden no sabe de países, fronteras, culturas y religiones. Lo importante de nuestra misión no es el lugar, sino las personas. Se es misionero mientras se tenga una misión que realizar, independientemente del lugar. Lo importante es ser flexible y estar disponible para estar donde se nos pida estar y seamos necesarios. La Orden tiene una misión maravillosa que desarrollar y los que formamos parte de ella tenemos que vivirla en una plena disponibilidad para servir al hombre y a la sociedad.

P.- La provincia Bética dispone de 23 centros socio-sanitarios en la Comunidad de Madrid, Extremadura, Andalucía y Canarias. La Institución no se detiene… sigue creciendo en momentos que no son fáciles, ¿Cómo lo hace?

JAS.- La Orden no se pude situar ante la crisis a la defensiva. Nuestras búsquedas no se han dirigido a adivinar cuáles pueden ser los modelos más seguros que puedan resistir mejor la crisis. Como institución nos están afectando los reajustes y en muchos casos estamos en el límite como lo están otras instituciones y personas. No somos ajenos a esta situación de crisis y se han tenido que tomar decisiones difíciles. La crisis nos está impulsando a ser más creativos, más eficaces, más eficientes.

Este momento supone una oportunidad para que una institución como la nuestra pueda dar respuestas concretas que ayuden a las personas y familias necesitadas. Nuestro reto es hacer más con menos recursos. Con pequeñas estructuras y programas estamos ayudando y apoyando a mucha gente que lo pasa mal, involucrando a trabajadores, voluntarios, bienhechores, empresas, instituciones, etc.

Juan de Dios, con muy pocos medios, impactó positivamente en la vida de muchas personas; y todo ello sin un protagonismo innecesario, empezando solo y sin nada. Por más crisis que exista nosotros tenemos más posibilidades. Como nos decía el Capitulo, con esperanza y audacia, la hospitalidad crece y será más fructífera.

P.- En su proyecto de ayuda hacia los más necesitados, San Juan de Dios se inclinó por los enfermos. ¿Qué mensaje lanzaría a las personas que atraviesan una enfermedad en estos momentos?

JAS.- En muchos de nuestros centros, especialmente los de salud mental y discapacidad, muchos de los pacientes pasan gran parte de su vida entre nosotros. Los conocemos por su nombre desde hace años, son parte de nuestra familia hospitalaria. Ellos también nos han enseñado muchas actitudes y valores y, principalmente, que se puede estar alegre y ser feliz estando enfermo o teniendo una discapacidad. Ellos nos enseñan a ser más acogedores, cercanos, solidarios; a ser más hospitalarios. Gracias por ello.

A nuestros centros hospitalarios también acuden muchas personas con todo tipo de enfermedades, unas con más posibilidades de curación y otras con enfermedades crónicas o incluso en unidades de cuidados paliativos. En San Juan de Dios, ellos y sus familias, son el centro de nuestro interés, en muchos casos les podremos ayudar a curarse, pero somos conscientes de que cuidar es mucho más que curar y esta es nuestra responsabilidad desde nuestro ser Hospitalarios. Tratar de dar respuesta a necesidades de todo tipo nos impulsa a ser mejores profesionales y a crecer en valores humanos y espirituales. Como decía un antiguo hermano general de la Orden: “El mundo del dolor, la persona enferma, el hospital es la mejor universidad para los que formamos parte de la Orden”.

Proyectos de futuro

P. ¿Qué proyectos le gustaría acometer en los próximos cuatro años?

JAS.- A través de la historia de nuestra provincia muchos hermanos y colaboradores han unido sus esfuerzos para dar vida a las Obras Apostólicas con las que contamos hoy. Queremos seguir creciendo, llegar a más gente que sufre enfermedad, pobreza, soledad, exclusión o discapacidad. Queremos hacerlo cada día mejor, con más calidad y calidez.

La Orden ha sido inconformista desde su origen. Nunca estamos satisfechos con lo que hacemos, siempre pensamos que se pude dar un paso adelante en favor de los demás. Estamos en una renovación constante de nuestras estructuras, dispositivos asistenciales, nuevos programas. En todos los centros existen iniciativas que, a pesar de la crisis, estamos dispuestos a asumir. Como provincia queremos dar los primeros pasos en la rehabilitación del antiguo hospital San Juan de Dios de Granada; el nuevo centro sociosanitario de Sevilla; el centro docente del Aljarafe, etc. Todos los centros tienen proyectos en marcha que se están consolidando y expectativas de crecer. La situación económica no es fácil pero la Orden siempre ha sabido arriesgar en los momentos complicados, con opciones claras por los más necesitados. Existen muchas iniciativas sociales en cada lugar donde estamos presentes. Los proyectos son muchos y los deseos de hacerlos realidad, inmensos. Juan de Dios fue nuestro ejemplo abriendo nuevos caminos de hospitalidad en medio de muchas más dificultades que las nuestras actuales.

Voluntariado con identidad propia

P.- ¿Qué lugar ocupan los voluntarios en la Orden?

JAS.- La tarea de los voluntarios de San Juan de Dios tiene identidad propia en cada uno de los centros de nuestra Provincia y es complementaria a la labor que hacen los profesionales para ofrecer una asistencia integral a la persona enferma o necesitada.

Gracias a los voluntarios, que son personas que  contribuyen a la humanización de la asistencia y son presencia pública y social de nuestro modelo de atención. Sin ellos sería imposible desarrollar un espacio de cercanía, de acompañamiento al enfermo, de encuentro con el que sufre. Por todo eso yo les tengo que agradecer todos los días su predisposición y su actitud de entrega a quienes más lo necesitan; por formar equipo con nosotros, con los hermanos, con los trabajadores y con toda la gran familia hospitalaria que somos.

Nuestro Voluntariado apuesta en este nuevo cuatrienio  por avanzar en la capacitación permanente de aquellas personas que ya son voluntarias o que quieren llegar a serlo y potenciar otros ámbitos de actuación más allá de la propia intervención asistencial; promoviendo la relación con otras organizaciones y potenciando sinergias con otros ámbitos de la organización. ¿Por qué no tener voluntarios encargados de dirigir proyectos sociales, o que quieran ayudarnos a captar fondos para nuevas misiones? Sería maravilloso.

Mensaje, carisma y colaboradores

P.- ¿Cuáles son las claves para hacer prevalecer y mantener vigente el mensaje de San Juan de Dios desde el siglo XVI hasta nuestros días?

JAS.- Todos estamos convencidos de que nuestro gran reto es la formación institucional de los colaboradores, la transmisión de los principios y valores que han sustentado esta institución a lo largo de muchos años. Esto es lo que nos hace diferentes. La calidad, el respeto, la responsabilidad, la atención a las necesidades espirituales de las personas, en definitiva, la hospitalidad, deben ser la marca de distinción en nuestro modelo de atención, en nuestra toma de decisiones y en la manera de hacer las cosas.

En esto los hermanos tenemos una clara responsabilidad: ya no basta que los colaboradores trabajen con nosotros en nuestras obras apostólicas. Es necesario entrar en una dinámica de corresponsabilidad con ellos. Desde una clara identidad carismática por nuestra parte, no podemos quedarnos en  traspasar, entregar o tal vez incluso transmitir el carisma de la hospitalidad, porque este necesita ser compartido, contagiado. Se traspasa un hospital, se transmiten unas ideas, una historia, unos sentimientos. Pero un espíritu sólo se puede compartir. En este sentido, mucho es el camino que hemos de recorrer todavía y no es un camino fácil ni corto, no valen los  atajos. Debemos tener en cuenta que la misión evangelizadora auténtica incluye el compartir y contagiar el Carisma con los demás.