Vida de Hermanos

La pastoral vocacional de la mano de la experiencia

El responsable de la Pastoral Vocacional de la Provincia Bética, el hermano Javier Valencia, y el maestro de novicios de Europa, el hermano Luis Marzo, vivieron en su momento su propio proceso de formación inicial y hoy acompañan a los candidatos a discernir la llamada de Dios.

Nerea López

 

El equilibrio, la madurez, la generosidad o la alegría son solo algunas de las numerosas cualidades que debe reunir una persona para iniciar el camino de la pastoral vocacional. “¡La lista es larga!”, afirma entre risas el responsable de la Pastoral Vocacional de la Provincia Bética, el hermano Javier Valencia, actualmente en la Fundación Instituto San José de Carabanchel, en Madrid, al referirse a la cantidad de aptitudes que él valora en un joven candidato. “Debe ser una persona abierta, con vocación, capacidad de servicio, de escucha y, por supuesto, creyente”, señala.

 

El hermano Javier llevó a cabo su proceso de formación y ahora es él quien se encarga de acompañar a otros en lo que se conoce como la formación inicial, es decir, una etapa de aprendizaje que se inicia con el deseo de la persona de atender la llamada de Dios y que culmina pasados ocho años con los votos perpetuos o la profesión solemne. “La segunda etapa va desde la profesión solemne hasta que fallecemos”, explica el hermano. No obstante, no todos llegan a este segundo periodo, pues superar el primero conlleva esfuerzo, compromiso y dedicación. “Por eso al principio decimos que se trata de un proceso de discernimiento personal, porque sirve para ver si la persona encaja o no”, señala. Además, explica que la edad no es un inconveniente y que cualquier hermano es bien recibido para llevar a cabo la formación inicial. “Aunque normalmente suelen estar entre los 18 y los 40 años”, matiza.

 

Al inicio del proceso se realiza una serie de entrevistas al candidato, que duran un máximo de dos años. Se trata de un tiempo en el que se invita a la persona a que realice alguna experiencia en una comunidad de hermanos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Según detalla, estas suelen durar una semana, quince días o un mes, y se entiende como un periodo de convivencia para ver cómo es el día a día de los hermanos. “Reciben charlas y participan en la vida de oración”, apunta. Una vez finalizada la experiencia, y si esta ha sido positiva, el candidato es enviado a la Fundación Instituto San José, donde inicia un periodo intensivo conocido como el prepostulantado, y que da paso, unos meses más tarde, al postulantado. Este dura un mínimo de un semestre y, una vez culminado, el candidato inicia el noviciado, un encuentro personal con Dios para profundizar en la llamada y tomar libremente la decisión de seguirla. “El año que viene tendrá lugar en Italia”, anuncia el hermano Javier. Y es que la Orden, que se ha planteado tener un noviciado por continente, ha decidido que en Europa sea en la ciudad italiana de Brescia. 

 

El maestro de novicios de Europa de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, el hermano Luis Marzo, explica que desde hace varios años venían reflexionando sobre la necesidad de crear un Noviciado Europeo. Se trata de “un proyecto apasionante”, que verá la luz en 2020. “Es una apuesta muy interesante de cara al futuro de nuestra institución”, explica Marzo, para quien esta iniciativa posibilitará una formación interprovincial e intercultural que enriquecerá a los nuevos hermanos de la Orden en Europa.  Un paso necesario, insiste, para promover una formación más holística en un mundo cada vez más global.

 

Culminado el noviciado, cada candidato se traslada a una ciudad de su país, que en el caso de España es Málaga, y realizan el escolasticado, cuya duración es de cinco años. Además, tal y como apunta el hermano Javier, “todo este proceso se acompaña de una formación profesional”, refiriéndose a las diferentes carreras universitarias que estudian los candidatos, y que van desde Enfermería hasta Administración, pasando por la Terapia Ocupacional o la Psicología. “Aunque algunos vienen ya con la formación universitaria”, destaca. 

 

Una vez finalizado el escolasticado llega el momento de los votos perpetuos, que tiene lugar a los ocho años del comienzo de la formación inicial, y a partir del cual el candidato puede pasar a acompañar a otros hermanos en sus respectivos procesos de formación. “Siempre seguimos necesitando el apoyo mutuo”, explica el hermano Javier, quien se lamenta de que en España el número de personas en procesos de formación sea tan reducido. “En estos momentos hay un novicio, un postulante y dos escolásticos”, concreta.

 

Para ambos hermanos, el acompañamiento de los jóvenes requiere entrar en el terreno de lo sagrado donde la persona se abre a compartir sus experiencias más íntimas. Por ello, consideran crucial, como formadores, dedicar tiempo y estar disponibles y accesibles. “Exige mucha transparencia y confianza por parte del joven”, apunta el hermano Luis. Y si él tuviera que destacar algunas cualidades imprescindibles del formador, diría que es “escuchar y acoger la vida del candidato sin juicios, y ser coherente entre el discurso y la propia vida”. Y si esto es así, añade, “se genera un vínculo con el joven para toda la vida”.

Biografía del hermano Javier Valencia

  • Lugar de nacimiento: Jerez de la Frontera (criado en Sevilla)
  • Estudios: Enfermería, Dirección de Enfermería, Máster en Bioética y Máster en Pastoral de la Salud
  • Año de ingreso en la Orden de San Juan de Dios: 1978
  • Lugar de residencia: Fundación Instituto San José de Madrid
  • Función actual: Pastoral vocacional, parte de la comunidad formativa y apoyo en pastoral de la salud en la Fundación Instituto San José de Madrid 

Biografía del hermano Luis Marzo

  • Lugar de nacimiento: Zaragoza
  • Estudios: Enfermería y Ciencias Religiosas
  • Año de ingreso en la Orden de San Juan de Dios: 2001
  • Lugar de residencia: Fundación Instituto San José de Madrid
  • Función actual: Maestro de novicios de las Provincias de Europa y miembro del Equipo del Delegado del Superior General para España.