Vida de Hermanos

Una historia de vocación en la Orden Hospitalaria

La vocación religiosa es un don, un regalo que Dios hace y pide a quien se lo da, una respuesta. Es precisamente lo que hizo el pasado 29 de septiembre el hermano Francisco José Ruiz Millo: dar su respuesta a la llamada que un día recibió. Y lo hizo de una forma concreta, entrando a formar parte de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

Aarón Botín

Ese día tuvo lugar en la capilla de la Fundación Instituto San José la profesión temporal de este nuevo hermano de la Orden Hospitalaria, una celebración en la que mostró su compromiso y disposición a seguir el camino marcado por San Juan de Dios.

Ahora continuará, en esta nueva etapa, su proceso formativo para conocer y amar la Orden y el estilo de vida de los hermanos. La profesión fue recibida por el superior de la Provincia Bética, el hermano José Antonio Soria y, la misa presidida por el superior de la Provincia de Castilla, el hermano Amador Fernández.

Para el hermano Francisco José, haber llegado hasta este momento supone “un gozo profundo” porque ve realizada su llamada al servicio de los enfermos y necesitados. Un gozo que nace, sobre todo, de la intimidad con el mismo Jesús en la escucha y en la oración contemplativa. “Y es que si no tenemos esa conciencia y apoyo, corremos el peligro de dejar pasar las oportunidades de crecimiento y conversión que el mismo Dios va poniendo en nuestras vidas”, explica.

De Francisco José Ruiz O.H. se puede decir que es feliz. Ciertamente, en el transcurso de su historia personal ha ido pasando por distintos momentos, momentos con sus luces y sombras; tristezas y alegrías que nunca han eclipsado la paz profunda de su corazón y el sentido de su vocación.

Conoció la Orden Hospitalaria en su Sevilla natal y, después de trabajar en varios hospitales de la región como auxiliar de enfermería, comenzó a plantearse formar parte de ella, cautivado por la labor y dedicación de los hermanos, por el carisma de la hospitalidad. “Era volver a esos recuerdos de cuando comencé a compartir trabajo y oración, llegando a sentirme de la comunidad, rezando cada día, cuando se felicitaban por las cosas bien hechas y se preguntaban qué podían hacer por el bien de una persona que estuviese necesitada. Todo eso me motivó a decir, este es el camino que Dios me marca”, recuerda.

Ahora, lleva tres años en Madrid, formándose y compartiendo la labor de hacer hospitalidad en las comunidades por las que ha ido pasando. El proceso de formación de la Orden se divide en varias etapas. En primer lugar, está el postulantado, un periodo de un año de duración en la cual, personas como este hermano, que sienten la vocación, viven una experiencia en una comunidad y realizan alguna actividad en el centro donde están insertos, colaborando y viviendo con los hermanos y compartiendo su vida de oración y misión.

En esta época. Francisco José Ruiz O.H. empezó a trabajar la Hospitalidad en la Fundación Instituto San José (Carabanchel), donde atendió a personas con discapacidad y afectadas de daño cerebral y, posteriormente, tras atender a personas mayores en la residencia de Madrid, llegó a cuidados paliativos. Una experiencia, “muy fuerte y dolorosísima”, porque es un desenlace “a corto plazo para los enfermos y para sus familias”, en el que siempre permaneció a su lado, acompañándoles, para llevar consuelo y una esperanza desde la fe.

Posteriormente, llevó a cabo los dos años de noviciado, un tiempo en que los futuros hermanos disciernen y reflexionan y siguen guiándose en contacto con una experiencia de misión en la casa formativa en la que se encuentren. Es después de este periodo cuando los hermanos, si lo desean, pueden pedir la profesión temporal y entrar a formar parte de la Orden Hospitalaria.

 

La etapa final acaba, tras cinco años de renovación de los votos, con la profesión solemne, un compromiso de por vida para ser hermano de San Juan de Dios que Francisco José Ruiz Millo espera cumplir algún día, pues sabe que ya ha iniciado “un camino sin retorno”, en la que ha dejado atrás las dudas sobre su capacidad para crecer en madurez y en seguridad. Se trata de perseverar en una decisión “que no tendría sentido interrumpir” y que acaba en la figura de San Juan de Dios. Un propósito, que con su profesión temporal, ya ha cumplido.

Un instrumento que ayuda a canalizar sus inquietudes

El hermano Luis Marzo es el maestro de novicios, el encargado de acompañar durante la etapa final de formación del noviciado a los que, como el hermano Francisco José Ruiz, sienten la vocación de entrar a formar parte de la Orden, y les ayuda a saber si su vida está en la institución.

Para él, acompañar a un futuro hermano en su profesión religiosa es sentirse un “instrumento” cuyo éxito llega cuando ayuda “a canalizar sus inquietudes y a ver si realmente la llamada que sienten de ser hermanos de San Juan de Dios es una llamada sincera y verdadera”.