Evangelizar & Humanizar

Enfoques teóricos tenemos para todos los gustos: unos abordan el tema contraponiendo evangelizar y humanizar; otros defienden que humanizar no es evangelizar; desde estas páginas preferimos sumar y no restar, es decir evangelizar & humanizar, porque si Dios baja y hace hombre, se despoja y humaniza, aunque no se queda ahí: con su humanización rescata al hombre y lo eleva en dignidad, es decir, lo evangeliza, esto es, lo hace a su semejanza, lo pone a su nivel.

Somos resistentes ante uno de los fundamentos más claros de la humanización: la mayor dignidad de la persona se vislumbra en el máximo de su deterioro o vulnerabilidad, sea por la enfermedad u otros “condimentos”. Y ¿por qué nos resistimos? Sencillamente, porque con el deterioro y la decrepitud, aparece la cara fea y desagradable de cuanto valoramos normalmente en nuestra sociedad de consumo o del “usar y tirar”.

En los principios fundamentales de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, no nos cansamos de proclamar que la persona está en el centro. En consecuencia, el trabajador está en el centro, la familia está en el centro, el enfermo o persona asistida resulta que está en el centro. De esta forma de pensar y de actuar resulta que no hay nadie marginado, todos y cada uno de cuantos  estamos implicados en la línea de la Hospitalidad [nos sentimos como en casa], somos protagonistas de la creación de un mundo más habitable, un mundo más humano.

Frente al distréss existencial dominante en la sociedad que nos toca vivir, desde San Juan de Dios nos hemos empeñado en buscar sentido a nuestros proyectos personales y profesionales; nos hemos embarcado en formar o hacer las cosas bien profesionalmente. Estamos comprometidos con el valor de la calidad que busca la excelencia; perseguimos la justicia social que aminore la marginación; y, como procedemos de una inspiración cristiana, tenemos el compromiso de compartir con otros los valores con los que estamos implicados, mediante la oferta de un respetuoso servicio de evangelización.

En estas páginas de la revista San Juan de Dios, como en cada edición, justificamos sobradamente facetas que nos animan a manifestar a los demás el buen hacer y lo compartimos con los lectores, porque estamos convencidos de estar bien encaminados. Y así lo hacemos, promoviendo encuentros en Granada, cuna de la Hospitalidad, con los alumnos de diversas escuelas de Enfermería, Fisioterapia y Formación Profesional, inmersos en San Juan de Dios, para beber en su fuente.

Reflejamos la escuela de formación del voluntariado en Málaga, de quienes van a acompañar a las personas heridas por la enfermedad mental; nos entrenamos en saber acompañar a quienes están aprendiendo a valorizar la muerte de forma apropiada.

Pero, como cuando se acaba un aniversario, en nuestro caso el de la muerte de Benito Menni, empieza otro que sale a su encuentro, en esta ocasión los 60 años de un Proyecto Integral de Salud Mental en la Clínica Nuestra Señora de la Paz de Madrid, motivo que ha servido de pretexto para restaurar un monumento de 1959, en honor del Sagrado Corazón de Jesús y San Juan de Dios.

Una vez más seguimos abriendo veredas a otros aportando innovaciones asistenciales, por si les resultan interesantes seguirlas tras Juan de Dios. Somos conscientes que estamos eliminando alambradas que marcan brechas entre los hombres, y colaboramos en la unidad, con respeto por el pensamiento de cada cual.

Secundando a Dolores Aleixandre cuando dice que “somos gente que vive en circularidad y la cohesión depende de que el centro vincule a los de alrededor”, nos empeñamos desde San Juan de Dios en luchar y aportar luces y testimonios que demuestran que detestamos la cultura del descarte reinante y favorecemos la integración, para que no haya alrededores en nuestra sociedad de la globalización inevitable.

Sabemos, y así lo manifestamos porque estamos convencidos, que humanizar es evangelizar y evangelizar es humanizar: lo que importa es el hombre concreto lleno de inquietudes, dudas, limitaciones, vulnerabilidad, pero que, en la búsqueda del sentido de su vida, intenta encontrar en su dimensión, a veces inconsciente, la presencia ignorada de Dios.