Hospitalidad ecológica

Leer una encíclica papal de seguido y entenderla no suele ser lo habitual en el lenguaje eclesiástico. Pero leer de un tirón la encíclica del papa Francisco y sacar conclusiones es un alivio y una gracia.

Pues en ello estamos. Y parece que andamos en sintonía con la Iglesia moderna: en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios estamos con la ecología desde siempre. Hablamos de terapia ecológica, cultivamos jardines con agua reciclada, fomentamos el cuidado de las especies y las aproximamos parcialmente al hombre, haciendo terapias con animales en la que somos pioneros desde siempre… Porque la ecología estudia las relaciones entre los organismos vivientes y el ambiente donde se desarrollan. Acogemos a todos en la casa común que habitamos.

Por carisma, somos los encargados de llevar a la práctica el evangelio del cuidado; somos los custodios de la cultura del cuidado. Y sabemos muy bien en San Juan de Dios que tenemos el deber de cuidar la naturaleza y, al mis­mo tiempo, «debemos proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo».

Desde las páginas de la revista San Juan de Dios hacemos votos para poder “re­cuperar los distintos niveles del equilibrio ecológi­co: el interno con uno mismo, el solidario con los demás, el natural con todos los seres vivos, el es­piritual con Dios […] para crecer en la solidaridad, la responsabilidad y el cui­dado basado en la compasión (Cf. Laudato-Si’,210).

Aquí hablamos, sobre todo, de las motivaciones que surgen de la espiritualidad para alimentar una pasión por el cuidado del mundo. Traemos testimonios de cómo sabemos cuidar al hombre al estilo de Juan de Dios y así colaboramos en el cuidado de cuanto nos rodea.

Y tenemos el reto de dejar patente cómo se “cuida el mundo y la calidad de vida de los más pobres, con un sentido solida­rio que es al mismo tiempo conciencia de habitar una casa común que Dios nos ha prestado” (Laudato-Si’,232).

La competencia ética fundamental a la que aspiramos consiste en la apertura hacia lo otro y los otros, en estar accesible a los requerimientos del mundo, atento a lo distinto de uno mismo. Es decir, queremos ser encarnación de la hospitalidad global. En adelante tendremos que preguntarnos cada uno sobre su responsabilidad individual en la lucha contra la degradación del mundo. Habremos de secundar la invitación para adoptar una manera hospitalaria de dirigirse al mundo, una cierta piedad. (Cf. Innerarity, D. (2001). Ética de la hospitalidad. Barcelona: Península, pp.14-19).

En esta revista San Juan de Dios, como en cada edición, justificamos con sencillez facetas que nos animan a manifestar a los demás el buen hacer y lo compartimos con los lectores, porque estamos convencidos de estar bien encaminados. Y lo hacemos, presentando actividades artísticas, otorgando galardones a los que lo merecen, trabajando por la inserción de los “descartados”, formando profesionales excelentes y fomentando el acompañamiento espiritual y la evangelización de las personas que se nos aproximan.

Sabemos, y así lo hemos dicho muchas veces porque estamos convencidos, que humanizar es evangelizar y evangelizar es humanizar; nos importa en esta ocasión decir que somos ecologistas y hospitalarios, porque resulta ser lo mismo vivir la ecología y la hospitalidad bien entendidas, porque bien sabemos que defendemos la vida en su integridad y la creación en continua evolución.

Que somos huéspedes unos de otros -según certera expresión de Steiner- significa que nuestra instalación en el mundo tiene la estructura de la recepción y el encuentro, que hay una libertad del dar y recibir más allá de los imperativos de la reciprocidad. (Cf. Innerarity, D. (2001). Que tenemos cuidado con lo demás… Y que, desde San Juan de Dios, sabemos que todos tiramos a un mismo blanco: el alivio del dolor y del sufrimiento.

Que precisamos de una conversión ecológica, lo sabemos; y que tenemos un problema educativo, también resulta ser cierto. Por lo que los jóvenes nos reclaman un cambio. Ellos se preguntan cómo es posible que se pretenda cons­truir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en los sufrimientos de los excluidos (Cf. Laudato-Si’,13). Ahí estamos, desde la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, velando por llevar a cabo la Hospitalidad ecológica, cuidando del hombre y cuidando del mundo que habita, haciéndolo más humano.