Unos que vienen y otros que se van

El hombre no ha podido quedarse quieto nunca. Siempre ha cambiado de lugar y de aires, sea por defensa, sea por subsistencia. Desde la prehistoria, los individuos vamos y venimos  de un lado a otro, nos movemos como atraídos por una vocación nómada irreprimible que esconde razones tan poderosas como descubrir o descubrirnos, superar o superarnos, mejorar o mejorarnos…
 
Los australopitecos, subieron del sur africano al norte europeo y asiático, neandertales y cromañones anduvieron de este a oeste y viceversa, buscando clima adecuado, agua abundante, buenas hierbas y mejor caza.
 
Desde aquellos tiempos, los individuos estamos a merced de eventos y decisiones externas: si hay sequía no hay producción, es menester abandonarlo todo y viajar a zonas de regadío; si hay inundaciones se pierde todo y tenemos que huir a zonas acogedoras o protectorados; si hay un jefe, cacique, emperador, rey o gobernante que tiene ganas de guerra, a escapar otra vez... Seguimos siendo nómadas, perdidos en una rara insistencia sedentaria que llamamos estabilidad.
 
Siempre hay unos que vienen y otros que se van, ¿quién son unos y otros? Todos somos nómadas pero, algunos, son más nómadas o más sedentarios que otros. Tenemos vocación nómada, pero mientras unos viajan cuando quieren, otros se van cuando los echan.
 
Da la impresión en los últimos tiempos de que Europa se ha quedado sin moral, y ya lo dijo hace tiempo Ortega y Gasset. Nos falta el suplemento del alma. Nos falta una política de la solidaridad, nos falta saber integrar de forma creativa. Y así, se nos remueven las entrañas viendo a tantas personas que van buscando mejor vida y, con frecuencia, perecen en el intento.
 
En San Juan de Dios somos profesionales de la acogida y la solidaridad y nos rebelamos contra las vallas y los muros, porque nos avergüenza pertenecer a una sociedad hipócrita, en la que siempre suelen darse malas o tardías respuestas a las crisis humanitarias, porque el pueblo siempre va delante, y el líder detrás…, y sin ruborizarse…
También en estas páginas, nos hacemos eco de un hecho relevante, aunque lleve consigo algún dolor de cabeza de protocolo institucional: al fin llega un premio que provoca revuelo social y que permite a los medios hablar mucho y bien de una institución que tiene solera añeja y solera de calidad, si no excelente, en ello estamos: bienvenido el Premio Princesa de Asturias de la Concordia.
 
Es un premio “que pertenece a las personas que nuestra Institución atiende en el mundo, […] un premio a las personas que con generosidad se entregan hasta las últimas consecuencias; […] es un premio para que todos los miembros de la Orden sigamos, como dice el papa Francisco, cuidando la fragilidad del mundo, construyendo puentes de esperanza y promoviendo la justicia y la hospitalidad como los grandes motores de nuestra sociedad” (Jesús Etayo O.H., superior general).
 
Pero en San Juan de Dios no podemos parar para regodearnos en halagos, que sean bienvenidos también, sino que nos inquieta el poder aproximarnos al mayor número de personas que necesitan de nuestra ayuda o de nuestro acompañamiento… La Iglesia, la Orden Hospitalaria está en salida hacia las fronteras. Aquí traemos testimonios y rostros de cómo sabemos cuidar al hombre, al estilo de Juan de Dios y así colaboramos en el cuidado de cuanto nos rodea, desde y en la frontera.
 
En la revista San Juan de Dios, justificamos con sencillez facetas que nos animan a manifestar a los demás el buen hacer. Presentamos actividades artísticas y métodos rehabilitadores que desean ser innovadores, trabajamos por la inserción de los “descartados”, formando profesionales excelentes y fomentando el acompañamiento espiritual y la evangelización de las personas que se nos aproximan. Ejemplo claro es la nueva edición del máster de Pastoral de la Salud. Sin olvidar la importancia que siempre ha tenido la Basílica San Juan de Dios de Granada al recuperar la titularidad para la Orden, tras numerosos avatares.
 
Y sabemos ser agradecidos con nuestros hermanos que han sido testigos de la acogida y de la hospitalidad como Aurelio Vives O.H. (testigo vivo) y  Adrián del Cerro O.H.  (testigo intercesor ante el Padre, recientemente fallecido). Ahí estamos, desde la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, velando por llevar a cabo la hospitalidad, cuidando del hombre y haciéndonos más humanos, que es lo que nos interesa.