El porqué de la defensa de la vida

Vivir es nuestra tarea fundamental y básica, ya que nos hemos encontrado con la vida y tenemos que responder ante la misma. Nuestra cultura occidental está encasillada en una lógica de pensamiento: blanco o negro; eros y tánatos; vida o muerte;… No obstante hay otras culturas que enfocan la vida desde diferentes ópticas.
 
En el Juramento de buen hacer profesional de la Escuela de Enfermería y Fisioterapia San Juan de Dios  se dice: “Debo tener especial cuidado en los asuntos sobre la vida y la muerte. Si tengo la oportunidad de salvar una vida, me sentiré agradecido. Pero es también posible que esté en mi mano asistir a una vida que termina; debo enfrentarme a esta enorme responsabilidad con gran humildad y conciencia de mi propia fragilidad.  Por encima de todo, no debo jugar a ser Dios”. No disponemos de la vida de los demás.
 
Hablar de eutanasia y de su despenalización sin que se haya sido capaz de garantizar a todas aquellas personas que lo necesitan el acceso a unos cuidados paliativos de calidad llevados a cabo por profesionales adecuadamente formados, puede parecer una frivolidad y desde luego, no es la solución para la dignidad de la persona. En una sociedad avanzada como la nuestra, se deben proporcionar los recursos asistenciales necesarios para afrontar el final de la vida de una manera digna. Y en eso, se deberían centrar nuestros políticos. 
 
Por otro lado, la solicitud de despenalización de la eutanasia, ¿realmente obedece a una demanda de la sociedad, real y justificada? Desde nuestra experiencia en San Juan de Dios, se evidencia con aquellos enfermos y familiares que han recibido  una atención integral, aliviándoles el dolor físico y espiritual que padecían y con un soporte emocional adecuado, que cambiaron de opinión y agradecieron el poder haber vivido la última etapa de la vida con dignidad y siendo los verdaderos protagonistas. 
 
Desde San Juan de Dios  manifestamos en voz alta: “El respeto por la vida, que empieza desde su inicio, se extiende a lo largo de toda la existencia hasta su fin natural [...] El deber de garantizar a todos una vida digna del hombre conlleva, en cualquier caso, el cuidado hasta el último instante de vida. La gran diferencia que existe entre la cura (cure) y el cuidado (care) hace que no haya enfermos in-cuidables aunque haya algunos in-curables [...] El cuidado paliativo no se realiza cuando “ya no hay nada que hacer”, sino que es exactamente “lo que hay que hacer” para el enfermo. Su objetivo no será la curación, puesto que es imposible, pero se trata de realizar una serie de tratamientos para garantizar una buena calidad de vida, durante el tiempo que queda [...] Por eso se defienden las unidades de cuidados paliativos destinadas a hacer que a la persona se le haga más llevadera dicha fase final y, al mismo tiempo, se debe garantizar un acompañamiento humano adecuado” (Cf. Carta de Identidad, 5.2.3.1 y 5.2.3.4). 
 
Por otro lado, en los últimos años, se está intentando restaurar la humanización en los hospitales, y así lo hacemos desde San Juan de Dios , porque con los avances tecnológicos nos estamos volviendo cada vez más técnicos y más deshumanizados. Nos podemos preguntar, ¿hay algo más deshumanizado que acabar con la vida de una persona en un hospital por profesionales que se encargan de cuidar y acompañar?  ¿Nos hemos vuelto tan utilitaristas y pensamos que es más barata la eutanasia que los cuidados paliativos? ¡Indigna alternativa para un ser humano!