Acompañar en la espiritualidad

Estos elementos son constitutivos de la existencia humana: espiritualidad, libertad y responsabilidad. Son tres elementos del ser del hombre que no se pueden reducir. El hombre es un ser espiritual por naturaleza. Su verdadero ser es la existencia y el sentido final de su vida es la trascendencia. La persona es una realidad plural, estructurada y constituida por las dimensiones biológica, psíquica, social y espiritual.

La espiritualidad es una dimensión fundamental del ser humano, única y definitoria del mismo. Ocupa el mundo de los valores y creencias que forman parte de la identidad de la persona. Los valores espirituales han sido definidos como los que dan un sentimiento de integración con la vida y el mundo, que se desarrollan en la singularidad del sujeto y, posteriormente, se expresan en lo social.

En el ámbito sanitario la espiritualidad se suele identificar como un factor importante que ayuda a lograr el equilibrio necesario para mantener la salud y el bienestar y afrontar la enfermedad. Por ello, el modelo asistencial de San Juan de Dios, del que siempre traemos muestras en esta revista, considera un “elemento esencial en la asistencia la dimensión espiritual y religiosa como oferta de curación y salvación, respetando otros credos y planteamientos de vida” (Cf. EE.GG. 50).

San Juan de Dios mostró una especial sensibilidad por la atención espiritual de las personas que acogía en su hospital y sus seguidores han continuado en esta misma trayectoria. La Pastoral de la Salud y Social en la Orden Hospitalaria sigue un modelo, y está orientada a la atención integral de la persona porque desea anunciar con su servicio la esperanza del Evangelio. Y así, hablamos de acompañamiento espiritual.

La dimensión religiosa y la espiritual no son sinónimos, aunque entre ellas existen referencias recíprocas. Ambas se complementan, pero no se identifican totalmente. Todo lo religioso es espiritual pero no al contrario.

Además, el cultivo de la espiritualidad no se debe comprender como algo paralelo al cultivo de la corporeidad. Ambas dimensiones se entrelazan profundamente. Una persona que vive su vida con sentido, que es capaz de articular su proyecto vital, que puede valorar sus actos y tomar nota de lo bueno y de lo bello que hay en ellos, vive con más plenitud y gozo su existencia que otra que tiene atrofiada la dimensión espiritual.

La religiosidad entendida como espiritualidad, implica, por lo menos en la misma medida que el amor, una verdadera intimidad. Es íntima al hombre en un doble sentido: está en lo más hondo de él, y, como el amor, se halla también bajo la protección del pudor. "Ser religioso consiste en haber encontrado una respuesta a la pregunta: ¿cuál es el sentido de la vida?" (Einstein, 1950). Y hay todavía más: "creer en Dios es comprobar que la vida tiene un sentido" (Wittgenstein, 1960).

Como la atención espiritual y religiosa es una dimensión del ser humano íntimamente unida a las demás, el acompañamiento espiritual habrá de hacerse desde un prisma de equipo multidisciplinar que implica a cuantos nos relacionamos con las personas enfermas y las familias. Presupone preparación y formación para saber acompañar, por parte de todos los profesionales, y saber ayudar a encontrar el sentido de la propia vida.

Además, en algunos casos y para bastantes profesionales, habrá de pensarse en proporcionarles, desde la formación continuada, elementos que podrían llamarse de “primeros auxilios en la espiritualidad”, para poder abordar o derivar la continuidad del acompañamiento a otros profesionales de los equipos, más especializados.

En ello estamos en San Juan de Dios y así lo manifestamos en estas páginas, trayendo testimonios y compromisos de personas que saben acompañar de manera individual y en equipo, a quienes desean encontrar y potenciar su dimensión espiritual, ya que todo emana de la vivencia de la hospitalidad.