Hospitalidad y acogida sin fronteras

La hospitalidad, fundamentada en los principios derivados de su ideario católico es transversal, se articula en varios valores y configura el núcleo central de la institución de San Juan de Dios, que se orienta al servicio a la sociedad a través de las personas que la integran. Los valores en las organizaciones contienen las normas ideales de conducta que se puede evaluar y definen las actitudes que implican los mismos.

La hospitalidad, entendida como ilimitada, competente en lo profesional y, además, cristiana, es algo que deberá ser percibido y vivido en la práctica. Se trata, pues, de una hospitalidad medida en el amor a uno mismo y a los demás y dirigida a todas las personas. Es fruto de la experiencia fundamental en San Juan de Dios, que fue la misericordia de Dios y su atención incondicional al ser humano.

Los centros de San Juan de Dios se muestran abiertos a personas sin discriminación posible, ya que admiten también a personas aunque piensen de manera diferente, tengan otras creencias o no tengan ninguna. Entablan con ellas un diálogo constructivo guiado por el aprecio mutuo y porque están unidos en la vulnerabilidad de la enfermedad. Así es la acogida, así es la hospitalidad.

El profesional de la hospitalidad, si desea ayudar a una persona, tiene que estar dispuesto a aceptarla tal y como es. Tiene que aprender a acompañar. Es imposible cambiar lo que no se acepta. No se puede condenar a quien se aprecia con amor, se le puede ayudar a corregirse. La condena no libera, oprime.

Esto solamente se puede hacer de haberse aceptado previamente a sí mismo en iguales términos. Es algo que parece muy sencillo. No hay nada que sea tan difícil, por no decir imposible, como aceptarse a sí mismo, con inclusión de las miserias. De ahí que podamos dejarnos caer en la tentación de lo más fácil: ignorando todo.  Y en caso de la enfermedad y búsqueda de sentido de la vida, puede encontrarse un problema espiritual y, a veces, religioso.

Bien sabemos que comprometerse es atarse, obligarse; es un acto de la voluntad y de la inteligencia, ya que todo compromiso lleva un riesgo. Ahora bien, el compromiso es una expresión de la libertad individual. El compromiso es una especie de donación. Aunque casi siempre sobrevuela el miedo a la frustración, cuando a la entrega no se corresponde con los resultados deseados. Quien se compromete abandona el papel de espectador para convertirse en protagonista de la historia, la individual y la colectiva. La hospitalidad es compromiso liberador.

En San Juan de Dios somos defensores del compromiso y de la hospitalidad, ya que tienen una fuerza imponente. Amamos a las gentes que nos quieren bien y lo manifiestan en esas páginas. Pero tenemos comprensión con quienes no lo hacen, ya que la aceptación conlleva generosidad, no exigencia, ni enjuiciamiento.

En los centros de San Juan de Dios el compromiso sobrevuela: cuando se atiende y acompaña a las personas sin hogar, cuando se tata a los adictos a las drogas físicas o psicológicas, cuando se acompaña en su soledad al anciano, cuando uno se hace niño con el niño y se pone al nivel de las personas con limitaciones de inteligencia o con trastornos mentales, cuando se contagian los valores en los centros de formación universitarios y profesionales…

En San Juan de Dios, y con ejemplos en estas páginas, nos consideramos hospitalarios y queremos ser testigos de la hospitalidad.

Y todo ello lo hacemos desde el contexto y compromiso de la familia hospitalaria que cuida y vela por el carisma común de la hospitalidad a favor de cuantos nos necesitan. Compartimos este lugar común y nos sentimos solidarios con toda la humanidad y con el ambiente que le rodea. Practicamos lo que tantas veces hemos llamado desde San Juan de Dios una hospitalidad ecológica.