Aprender y practicar la misericordia

Durante el año que empezamos nos van a sonar los oídos de tanto escuchar la palabra misericordia. Esperamos no cansarnos, puesto que cuando algo se sobreexpone puede quedar invisible. Y entonces, ¡mal andamos!

Misericordia es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida (Cf. Misericordiae vultus [MV], 2).

El ejemplo de misericordia es la parábola del Buen Samaritano, que es una parábola hereje, en la que se plantea una religión de vida frente a una religión de muerte.

Desde el catecismo de nuestra infancia se nos enseñaba que las obras de misericordia son catorce: Siete obras de misericordia corporales: visitar a los enfermos; dar de comer al hambriento; dar de beber al sediento; vestir al desnudo; hospedar al peregrino; redimir al cautivo; enterrar a los muertos. Siete obras de misericordia espirituales: enseñar al que no sabe; dar buen consejo al que lo necesita; corregir al que vive en el error; perdonar las injurias; consolar al triste; sufrir con paciencia los defectos de nuestros prójimos; orar a Dios por los vivos y los difuntos.

Estamos en una sociedad que ha heredado las doctrinas de otras culturas anteriores generalmente dualistas y, la presente, no deja de ser también dualista en la concepción del hombre. Por eso continuamos el debate entre: el bien y el mal; la cara oculta y la de la luz; el yin y el yang; el cuerpo y el alma; la psique y el soma; el sí y el no; el bueno y el malo; masculino y femenino (aunque los/as más atrevidos/as abogan por el neutro, o hermafroditismo-narcisista tipo Raine Maria Rilke); vida y muerte…

Pues en San Juan de Dios no somos dualistas, somos holísticos (en el sentido empleado desde el año 1926 por Jan Christiaan Smuts que describió como “la tendencia de la naturaleza de usar una evolución creativa para formar un todo que es mayor que la suma de sus partes”; término asumido en medicina holística desde 1981 por la International Association of Holistic Health Practitioner). El concepto que manejamos de hombre es integral, mas, para entendernos y poder aproximarnos a  algo coherente, hacemos compartimentos y decimos que nuestra asistencia es integral, que la salud es un estado de "bienestar físico, mental, espiritual y social". Y una involuntaria paradoja nos debilita ya que, ¡para colmo!, no hacemos dos sino cuatro apartados…

En este Jubileo de la Misericordia, la Iglesia está llamada a curar heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y con la solidaridad y la debida atención. No podemos caer en la indiferencia que humilla, en la costumbre que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye (Cf. MV, 15). Es decir, estamos llamados a ser y hacer Hospitalidad Integral.

Se nos urge a ser escaparate de la misericordia: misericordia-humanización-encarnación. Dios se revela como misericordia. San Juan de Dios como maestro en humanización.

La misericordia se inclina (se agacha) hacia la miseria (la limitación) y la revaloriza en la igualdad: reconciliación, perdón… Y lo que más nos espolea de nuestro adormecimiento es que la misericordia no es una mirada compasiva al mal, sino la revalorización y promoción de la extracción del bien de todas las formas del mal existente. Porque donde hay una sombra se deduce una luz.

La misericordia descafeinada no es misericordia: la misericordia se entrega en totalidad, la misericordia cuesta una vida… No nos podemos permitir equiparar la misericordia con una santidad estúpida, ingenua, romántica. Estamos llamados a la escenificación, a plasmar con ejemplos las intervenciones de misericordia, sin dualismos, sino con concepción integral.

Que nuestras manos estrechen las manos de los hermanos necesitados y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo (Cf. MV, 15).

En la revista San Juan de Dios nunca nos faltan facetas que nos animan a manifestar y compartir con los demás el buen hacer, por si alguien se anima también en esta dirección. Se traen actividades, innovaciones, se elaboran programas de integración e inserción para quienes están en la frontera de la exclusión, difundimos conocimiento, acompañamos la dimensión espiritual y humanizamos-evangelizamos a cuantas personas se nos aproximan o que salimos a su encuentro.

Desde la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios queremos contagiar misericordia sin distinguir si hacemos asistencia corporal o espiritual, simplemente acogemos, cuidamos al hombre y nos hacemos cada vez más humanos, que es lo que nos preocupa y ocupa porque “la misericordia y la fidelidad se encuentran”.