Sociedad del bienestar: ¿qué nos aporta?

En esta nuestra sociedad del bienestar interesan los productos del entretenimiento, el consumo y la diversión. La cultura y el arte están renunciando a sus grandes misiones: pedagógica, política y espiritual. La ética y la estética han dado paso a una autorrealización del consumidor-comprador, a un disfrute hedonista sin más fines. La dimensión espiritual y de sentido del hombre nos queda bastante desdibujada.

Estamos en la cuarta edad de estetización del mundo –para Lipovetsky y Serroy-: la artistización ritual, la estetización aristocrática, la estetización moderna y, por último y hasta ahora, la era transestética, esto es, nos estamos moviendo en la creación-producción-comercialización-comunicación de los bienes materiales que constituyen los grandes mercados: es decir, el capitalismo puro (Cf. ABC cultura, 21.02.2015, p.14). En pocas palabras, “lo que triunfa ahora, según los citados autores, es el arte para el mercado”. Las marcas son arte porque son mercado; el mercado deglute al arte…

Pero tampoco es para ponerse trágicos; siempre nos quedarán San Juan de Dios y Santa Teresa que, en la celebración de su nacimiento (28 de marzo de 1515), mira hacia otro lado y nos lanza retos y posicionamientos diferentes y realistas. Teresa, no satisfecha con la realidad que le tocó vivir, buscó otros mundos que le dieran satisfacción y se hizo religiosa: cambió de mentalidad, se convirtió y convirtió a muchos. A Juan de Dios, como bien sabemos y hemos podido comprobar en este mes de marzo, celebrando sus fiestas de las que traemos testimonios en estas páginas, también le sucedió algo parecido y así nos puede pasar a otros que intentamos imitarle. Y por añadir otro nombre significativo señalamos y traemos información gráfica de Benito Menni en el centenario de su muerte, un discípulo aventajado de San Juan de Dios. Un trípode, Teresa, Juan de Dios y Benito Menni, que fueron reformistas de la sociedad que les tocó vivir.

A nosotros nos corresponde otro tanto con esta nuestra sociedad del bienestar, que no es tal, ya que comprobamos que el dolor, el sufrimiento y, en cierto modo, el vacío existencial que le invade, le lleva a caminos sin sentido, a derroteros desorientados, a enfermedades sin fin… Y no nos estamos haciendo ningún bien.

Pero como deseamos ser positivos y aportar alguna luz, ofrecemos ejemplos, como siempre, desde la revista San Juan de Dios, alternativas de realización y de esfuerzos para superar dificultades y enfermedades. Traemos motivos para saber salir de los hoyos a los que nos pueden llevar nuestras vulnerabilidades personales.

Si otros han podido, si otros han pasado por situaciones como las nuestras y se han superado, ¿por qué no vamos a poder superar las adversidades que puedan surgir en nuestros caminos diarios?, ¿quiénes somos cada uno de nosotros para caer en el desánimo y no ser capaces de levantarnos si hemos tropezado?

Los avances no se detienen, nos hemos aliado con la técnica al servicio de una atención más humanizada porque sabemos que, una humanización sin técnica, no es tal, y viceversa. Aportamos en San Juan de Dios clara información al respecto, porque avanzamos.

Sabemos y vivimos las situaciones de soledad, ante el dolor, ante el sufrimiento y ante la vida. De la mano de profesionales y voluntarios estamos próximos a quienes nos precisan, sin invadir la intimidad y la elaboración de los estados personales y situaciones que nos ayudan a madurar la personalidad mutuamente: creemos y estamos convencidos que acompañar es enriquecerse en forma bidireccional.

Una vez más, seguimos abriendo caminos a otros, por si les resultan interesantes en estas páginas de San Juan de Dios. Somos conscientes de que estamos derrumbando barreras entre los hombres y colaboramos en la unidad con respeto por el pensamiento de cada cual.

Dejamos constancia desde la visión y acción de San Juan de Dios, que supo humanizarse para, actuando desde su debilidad, desde su abajamiento, enseñarnos que los fallos y las limitaciones en los que coincidimos nos permiten sumar, uniéndonos a otros y así fortalecernos y crecer.

No seremos capaces de hacer una sociedad perfecta, pero sí habremos colaborado desde San Juan de Dios a construir paso a paso una sociedad más justa, más equilibrada, sin tantas diferencias y brechas que fomentan la cultura del “descarte” y de la marginación, como la que se lleva a cabo desde la mal llamada sociedad del bienestar.