La misericordia siempre comprende, nunca condena

El contacto, la buena relación, solamente nace en una objetividad libre de prejuicios  […] Se respira una actitud profundamente humana, de respeto frente al hecho, frente al hombre y frente al enigma escondido en la vida humana. El hombre verdaderamente espiritual adopta esta actitud, no juzga ni condena (Cf. Jung, C.G. Escritos sobre espiritualidad y transcendencia).

Es imposible cambiar lo que no se acepta. No se puede condenar a quien se quiere y se puede ayudar y corregir. La condena no libera, oprime. El profesional de la hospitalidad, si desea ayudar a una persona, tiene que estar dispuesto a aceptarla tal y como es. Sólo se puede hacer de haberse aceptado previamente a sí mismo en iguales términos. Es algo que parece muy sencillo. No hay nada que sea tan difícil, por no decir imposible, como aceptarse a sí mismo, con inclusión de las miserias.  De ahí que podamos optar por lo más fácil, huir: ignorarlo todo de sí mismo y ocuparse de otros, de los pecados, las dificultades de los demás.

Los hombres de nuestro tiempo no quieren oír ni una palabra más de culpas y pecados, bastante los hemos “torturado”. Ya tienen bastante con sus propios remordimientos de consciencia, que acallan o enmascaran con el ruido. El hombre actual no quiere saber cómo imitar, ni a Cristo, sino que desea vivir el tipo individual de su vida, por mezquino e insignificante que sea.

Este estado también debe resultar provechoso, para sacar lo positivo que existe en su lado oculto. Transformar un opuesto en su contrario. Y ahí tenemos lo que significa reconocer la razón de ser de la irracionalidad, el sinsentido del mal, del dolor, del sufrimiento, que muchas veces nos atormenta.

El hombre de hoy desea vivir con lo que él es. Le gustaría encontrar el pleno sentido de su vida, dar respuesta a la vida, viviendo su propia vida. Y en caso de la enfermedad y búsqueda de curación, el problema de la misma, puede ser un problema espiritual, a veces religioso.

Los defensores de la vida pensamos que es mejor que la muerte, pero hay personas que  opinan que la muerte es mejor que la vida: ¿Con qué nos quedamos? ¿Estamos cambiando de paradigma? ¿Estamos relativizando el valor de la vida? ¿Por qué hay personas que se suicidan y lo hacen matando?

«Dador de la vida, te pedimos también por todos los que han muerto, víctimas de los brutales ataques terroristas. Concédeles la recompensa y la alegría eternas», […] «mueve los corazones de los terroristas para que reconozcan la maldad de sus acciones y vuelvan a la senda de la paz y el bien, el respeto por la vida y la dignidad de cada ser humano, independientemente de su religión, origen o status social». (Papa Francisco, JMJ 2016, Cracovia). Pero todo es cuestión de compromiso por las causas.

Comprometerse es atarse, obligarse, es un acto de la voluntad y de la inteligencia, ya que todo compromiso lleva un riesgo. Ahora bien, el compromiso es una expresión de la libertad individual. El compromiso es una especie de donación. Aunque casi siempre sobrevuela el miedo a la frustración, cuando a la entrega no se corresponde con los resultados deseados. Quien se compromete abandona el papel de espectador para convertirse en actor, protagonista de la historia, la individual y la colectiva.

En San Juan de Dios, somos defensores del compromiso y de la misericordia, ya que tienen una fuerza imponente. Amamos a las gentes que nos quieren bien y lo manifiestan en esas páginas. Pero tenemos comprensión con quienes no lo hacen, ya que la aceptación conlleva generosidad, no exigencia, ni enjuiciamiento.

En los Centros de San Juan de Dios el compromiso sobrevuela: la integración de los marginados y personas con discapacidad, nos mueve a actuar; los neonatos y quienes están en los últimos peldaños de la vida, nos ayudan a defenderlos; la salud mental es nuestro gran reto…

El Dios-hombre es compasivo, misericordioso, comprende, respeta, acepta. Es esencial, no sólo emprender desde la pasión, sino entender las diferencias entre las personas, y no juzgar porque en una tarea no haya el rendimiento esperado. Desde San Juan de Dios y, con ejemplos en estas páginas, demostramos comprender y ser acogedores con todos.