Misericordia es ir del otro al nosotros

Se cierra el año dedicado especialmente a la misericordia, pero no cerramos nuestras puertas a practicar la hospitalidad-misericordia. Es nuestro estilo en San Juan de Dios y así queremos seguir. Decíamos al principio del mismo que, no estamos de acuerdo con separar, ni como método pedagógico, las obras corporales de las espirituales, porque nuestra aproximación al hombre es integral y holística.

Por recopilar y abrir caminos podemos volver a decir: 'Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y acudisteis a mí'. 'En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo'.

Hoy nos falta el hambre de agradecimiento y es la misericordia la que crea cercanía y proximidad agradecidas. Tenemos necesidad y gran sed de relación verdadera y auténtica. La relación no deja a nadie indiferente ya que, de alguna forma compromete. La relación no se posee, se vive. La necesidad de relación expresa nuestra humanidad más verdadera y auténtica: Jesús entra en contacto con la samaritana.

La hospitalidad-acogida en San Juan de Dios implica apertura y dedicación al otro, escucharlo y hacerle espacio en nuestro corazón. Un espacio en el cual se sienta aceptado tal y como es. La acogida-hospitalidad exige el saber estar próximo al otro, cuidar del otro. Es preciso se dé una presencia, destruir las barreras culturales, superar prejuicios étnicos y religiosos, derribar muros y límites que hemos construido para separarnos del prójimo. La proximidad a la Navidad nos enseña a acoger.

El dolor aísla. Con la debilidad física el enfermo experimenta la soledad e incluso la desesperación. Visitar al enfermo significa ofrecer con discreción, amor y competencia, proximidad para atravesar juntos el bache de la enfermedad, hacerle sentir y percibir menos soledad. La preparación de quien visita puede ayudar al enfermo a dotar de sentido su experiencia y a asumir su valor “sacramental”, si se ofrece con gratuidad y amor. En estas páginas de San Juan de Dios traemos testimonios de ello.

El consejo a los indecisos es un apoyo, una sanación reconstituyente, para recuperar el sentido de la vida en grado que se puedan sostener las convicciones ciertas y reforzarlas. Es la terapia al estilo de Juan de Dios.

Para saber “cómo es” nuestro método de aprendizaje y comprender “cómo se hace”, observemos el episodio de Jesús con doce años en el templo de Jerusalén. Jesús escucha y pregunta. Su modo de estar, y por consiguiente, de enseñar es: escuchar y preguntar.

Nuestra sociedad se desentiende de los demás. En San Juan de Dios y en sus Centros, no. Saber advertir fraternalmente, es respetar la libertad que se ejercita en aceptar o no una corrección. La delicadeza, la sonrisa, la cortesía son características para hacerla. Nunca parecerá una acusación, sino más bien un gesto lleno de humanidad, de amor.

Misericordia es, estar al lado de la persona afligida, deprimida, prescindiendo del motivo de su aflicción, actuar sin tener clichés en las palabras y gestos con los que la consolaremos. En San Juan de Dios aprendemos a estar disponibles.

Perdonar es el éxito de un recorrido interior en el que madura la capacidad de darse a los otros, a pesar del mal sufrido. Para con las personas molestas y tóxicas, se actúa con misericordia. El soportar resulta beneficioso y esencial, para la relación personal en el ámbito de una familia, de una comunidad, de un hospital.

Las obras de misericordia, son maravillosos instrumentos para la educación de la comunidad, según la pedagogía de los hechos. Son momentos precisos para redescubrir toda nuestra humanidad, para no permanecer ajenos al dolor de los otros, para reencontrar la belleza y la alegría de la cercanía y de la ternura.

En San Juan de Dios, insistimos que, estamos comprometidos con la misericordia, ya que tiene una fuerza imponente. Y la misericordia-hospitalidad sigue un año más y la seguiremos practicando en el nuevo 2017.