Jornada Mundial de La Vida Consagrada

Con motivo de la celebración de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada el próximo día 2 de febrero, deseo felicitar a todos los Hermanos de la Orden y a todas las personas consagradas que colaboran en nuestra misión y forman parte de nuestra Familia de San Juan de Dios. Esta Jornada nos da la oportunidad de celebrar nuestra consagración religiosa y de dar gracias a Dios por la vocación siguiendo el carisma de la Hospitalidad, que hemos recibido.

En los últimos dos años venimos promoviendo con insistencia la necesidad de realizar un proceso de discernimiento en toda la Orden mirando al futuro de nuestra Institución. Ciertamente es muy importante, ponernos en camino y realizar dicho proceso para poder mantener vivo el carisma y la misión de la Hospitalidad según el estilo de San Juan de Dios. Todos los temas son necesarios revisar: nuestra consagración e identidad, nuestra misión y nuestras estructuras (acceda a la carta original).

Por encima de todo es nuclear para el éxito de este proceso discernir acerca de nuestra consagración, de nuestro estilo de vida, de nuestra identidad como Hermanos de San Juan de Dios. Las estructuras organizativas, las Obras Apostólicas, los Servicios Asistencias y tantos otros aspectos, los debemos revisar también, pero no debemos olvidar que son medios para llevar adelante nuestra vocación y nuestra misión. Son medios que como tales, pueden cambiar, de hecho a lo largo de la historia así ha ocurrido muchas veces. Incluso muchos Centros y Servicios han desaparecido y lo seguirán haciendo, por diversas causas, y sin embargo la misión estará siempre presente, porque su esencia va más allá de las estructuras de cada momento. Como he dicho en otras ocasiones, incluso sin Centros y Servicios propios, la misión apostólica a la que somos llamados seguirá vigente, de otra forma y con otros medios. No podemos encerrar la misión de la Hospitalidad en unas obras o centros concretos, aunque ciertamente hasta hoy siempre han constituido un medio privilegiado para realizar nuestra misión, pero solo eso, un medio.

Lo  que  verdaderamente  nos  ayudará  a  mantener  vivo  en  el  futuro  el  Carisma  y  la  misión  de  la Hospitalidad, en fidelidad a lo que nos pide el Espíritu del Señor y la Iglesia, es el testimonio de nuestra consagración vivida con gozo y compromiso, con exigencia y entrega. Aquí nos jugamos el futuro de verdad. Como consagrados somos llamados a ser profetas, signos de la presencia del Reino de Dios, desde nuestro Carisma de la Hospitalidad. En cierto modo provocadores y anunciadores del amor de Dios a los hombres y mujeres, a traves de la Hospitalidad. Esta es una msión urgente en la actualidad, que va más allá de nuestros Centros y que requiere gestos y acciones sencillas, pero significativas, que digan al mundo que la Hospitalidad es la única alternativa a un mundo hostil, egoista y violento.  Esta es la manera de construir como Hermanos consagrados, la gran fraternidad universal que soñó nuestro Padre Dios y que constituye el centro del Evangelio de Jesucristo.

Hermanos, si somo capaces de entender y vivir así nuestra consagración, no tengo dudas de que el futuro de la Orden estará garantizado, en el modo y forma que sea. Se que a veces puede cundir en nosotros el desánimo y el cansancio. Hoy en la Jornada Mundial de la Vida Consagrada quiero animaros a todos a levantar la cabeza, a recuperar el entusiasmo y el gozo por nuestra consagración religiosa y a renovar el compromiso con el Señor, que sin duda sigue llamándonos. La Iglesia y el mundo, nuestros Colaboradores y las personas asistidas en nuestros Centros, nos esperan deseosos de ver en nosotros testigos y profetas de la Hospitalidad. Todos somos llamados a ello, cada uno desde su propia realidad. No se trata tanto de hacer muchas cosas, sino de ser signos con nuestra presencia, haciendo cada uno lo que le toca hacer en función de su edad y responsabilidad.

Este será un año de preparación de los Capítulos Provinciales. Comencemos por aquí Hermanos. Seamos audaces. Revistámonos del hombre nuevo y dejemos el hombre viejo (Cf. Ef. 4,22-24). Superemos las actitudes que nos bloquean, que nos hacen egocéntricos, mirándonos solo a nosotros, quitémonos los miedos y las racionalizaciones que hacemos para justificar nuestras posturas. El Señor nos sigue llamando y espera de nosotros una respuesta. Nos ha dado el talento de la Hospitalidad (Cf. Mt. 25,14-30) para que nos dediquemos a ello por entero, no podemos defraudarle, sería defraudarnos a nosotros mismos.

En 2015 celebramos el año de la vocación a la Hospitalidad y al finalizar el mismo os decía que todos los años deben ser “Años de la vocación a la Hospitalidad”. Lo sigo diciendo. Este año también lo es, para que vivamos nuestra vocación plenamente y para que con nuestro ejemplo y de todos los modos posibles sigamos invitando a los demás bajo el lema “Súmate a la Hospitalidad”.

Reitero mi felicitación a todos y mis deseos de que celebréis con gozo la Jornada Mundial de la Vida Consagrada en la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor en el Templo, fiesta de la luz y de la consagración al Padre. ¡Que todos los Hermanos de San Juan de Dios iluminemos al mundo con el testimonio de la Hospitalidad, como lo hizo San Juan de Dios!.

Unidos en el Señor y en San Juan de Dios recibid un abrazo fraterno y hospitalario