Preguntas y Respuestas frecuentes

¿Quiénes son los hermanos de San Juan de Dios?

Somos religiosos que pertenecemos a la Orden Hospitalaria, aprobada el 1 de enero de 1572 por el papa san Pío V, que tratamos de seguir a Cristo al estilo de San Juan de Dios, que fundó nuestra Orden hacia la primera mitad del siglo XVI en Granada. Los hermanos somos gente normal, sencilla y humilde, que gestionamos centros, obras y proyectos de carácter social y sanitario, atendiendo a miles de personas en España y el mundo.

¿Qué significa ser hermano de San Juan de Dios?

Ser capaz de llevar a la práctica el carisma de la hospitalidad con un estilo de vida sencillo, armonizando la acción y la contemplación; procurando reproducir y manifestar en su actuación con las personas, los gestos y actitudes de benevolencia y entrega “del Cristo compasivo y misericordioso del Evangelio”. Anunciando el Reino y creando fraternidades al servicio de los pobres, enfermos y necesitados.

¿Qué hacen exactamente?

Con nuestra preparación religiosa, teológica y profesional, detectamos nuevas necesidades de las personas, con frecuencia marginadas de la sociedad; con nuestro hacer bien el bien, tratamos de aliviar, acompañar, orientar e integrar en la misma sociedad a cuantas personas se acercan a nosotros o que los propios hermanos de San Juan de Dios salimos a su encuentro y búsqueda.

Trabajamos y evangelizamos en centros hospitalarios y sociosanitarios así como en centros docentes como escuelas de enfermería, fisioterapia y formación profesional relacionados con la salud y la asistencia.

¿Dónde están presentes?

Estamos presentes en todos los continentes, desde los primeros años del siglo XVII. Allí donde se nos llama o allí donde vamos porque hemos detectado una necesidad no cubierta por la sociedad concreta. Estamos presentes en más de 50 países sin distinción de raza,  religión o sistema político. En el caso de España, estamos presentes en todo el país, con centros muy cercanos en todas las comunidades autónomas.

¿El trabajo de los hermanos es sólo en centros sociosanitarios o también en misiones?

La tarea que desarrollamos, tanto los hermanos como los colaboradores, está en todo tipo de centros sanitarios o sociosanitarios, incluyendo también la atención de personas con discapacidad intelectual, vejez y marginación social. Tenemos especial cuidado de las personas que se encuentran en su etapa final de la vida. En todos los casos hacemos un acompañamiento en el sufrimiento y el dolor de manera humanizada.

Al estar en diversos países nuestra presencia está en naciones llamadas especialmente de misión. Aunque toda presencia forma parte de la misión de la Orden de San Juan de Dios, hay una cuidadosa dedicación a la atención de las personas afectadas por la enfermedad y el dolor en zonas en desarrollo. Una reciente actuación ha sido en campañas para erradicar el Ébola, incluso con la muerte de algunos hermanos y colaboradores.

¿Los hermanos de San Juan de Dios son sacerdotes?

La Orden Hospitalaria es laical, es decir, que no es nuestro fin principal ser sacerdotes, sino hermanos, al servicio de los demás. Excepcionalmente, algunos podemos ser “ordenados sacerdotes en hospitalidad”. Por ese motivo, desde los orígenes de la Orden Hospitalaria, siempre hemos tenido sacerdotes de la propia institución, para la atención y acompañamiento espiritual y religioso de las personas atendidas en nuestros Centros.

¿Se necesita algún requisito para ser hermano?

Esencialmente ha de ser una persona de fe y oración; una persona comprometida con la causa de los pobres y marginados; siendo profeta de la caridad y la solidaridad como lenguaje que todos entienden; una persona acogedora y hospitalaria para poder realizar un servicio integral con gestos de misericordia; un defensor del ser humano y de su dignidad, en cualquier situación en que se encuentre; una persona en comunión con la Iglesia; una persona con capacidad de trabajar en equipos integradores, junto a los trabajadores y otros profesionales; una persona identificada con la vocación hospitalaria y animadora del carisma de forma creativa.

Además, y en primer lugar, ha de ser y sentirse llamado al seguimiento de Cristo al estilo de Juan de Dios.

¿Cómo puedo conocerlos mejor?

Resulta muy fácil conocernos, acercándote a algún centro de la Orden que tengas más próximo. Una vez en contacto con alguno de nosotros te acompañaremos a que conozcas de primera mano, tanto nuestra actividad asistencial como su dimensión religiosa. Nuestros centros y comunidades se caracterizan por la acogida y la hospitalidad.

¿Qué debo hacer si quiero incorporarme a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios?

Debes manifestar tu inquietud en contacto con alguno de nosotros, que te podremos indicar y acompañar los pasos a seguir, siempre y cuando sientas la inquietud o llamada a discernir tu sentido de vida. Y si ya eres un cristiano comprometido, tienes parte del camino recorrido.

 ¿Y cuál debe ser el primer paso para incorporarme?

Primero, contactar con la persona que te referimos abajo, sea por escrito, correo electrónico, teléfono o directamente. Una vez establecido el contacto, se verá lo más conveniente a realizar para que se pueda avanzar en el conocimiento mutuo personal y con el planteamiento de la inquietud que sientes. Y si tienes experiencia de alguna convivencia previa de altruismo o de compromiso cristiano, te resultará más fácil y comprensible la aproximación.

¿Cómo puedo descubrir mi vocación?

La vocación es una llamada de Cristo a seguirle. Puede aparecer, de manera instantánea por una vivencia o experiencia íntima que surge cuando uno ni siquiera se lo plantea.

Otras veces, y es lo más frecuente, uno detecta en sí ciertas inquietudes que le hacen cuestionarse su orientación de sentido en su vida. Puede manifestarse por haber leído algo de San Juan de Dios, por haber conocido a alguna persona en contacto con la Orden Hospitalaria, por sentir misericordia y aproximación al mundo de la marginación, por experimentar deseos de servir a los demás; por haber tenido experiencias de fe y oración sintiendo que se te llama hacia una determinada vocación religiosa, por no estar uno conforme y satisfecho con su situación personal actual, sintiendo que se le pide algo más de su vida.

El descubrimiento y maduración de la propia vocación implica un proceso que se va matizando y elaborando a lo largo de toda una vida. Y es preciso saber leer en uno mismo qué se le pide y, frecuentemente necesita de un acompañamiento en este proceso hasta que se toma la decisión de responder a esta llamada que ha sido previa.

Ahora bien, hay una edad en la vida que las decisiones urgen y no se pueden aplazar por más tiempo para no llegar a sentirse  frustrado.

 

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Francisco Javier Valencia O.H.

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