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29/10/2019 - 07:32 General

Tras un ictus, la persona puede ver alteradas su función comunicativa, la voz y la deglución, por lo que debe darse un abordaje logopédico temprano que valore la afectación, ofrezca rehabilitación, y alternativas para la comunicación y la alimentación.

Ante las limitaciones en la comunicación y, por tanto, en las relaciones sociales y hábitos en las rutinas diarias, muchos pacientes que padecen afasia tras sufrir un ictus pueden aislarse y sufrir altibajos emocionales pudiendo ocasionarles un estado depresivo o ansiedad.

La afasia es un trastorno del lenguaje producido a consecuencia de una lesión en una o varias zonas del cerebro responsables de la función del lenguaje y puede darse a consecuencia de un ictus.

Cuando una persona padece un ictus, se produce una detención brusca del flujo sanguíneo en una región cerebral que provoca la muerte de neuronas. Esto puede desembocar en distintas manifestaciones de una forma súbita, como dificultad para mover el brazo o la pierna, inestabilidad al caminar, debilidad de la cara o problemas en el habla y lenguaje.

Si se da una afectación en el lenguaje, puede repercutir en dificultades en la expresión, la comprensión, o la lectoescritura, así como en la voz o incluso en la deglución. Por ello, tras la valoración neurológica es indispensable la valoración logopédica para determinar el grado de afectación que ha supuesto en la comunicación del paciente. La rehabilitación comunicativa y la reorganización neuronal han de priorizarse de manera temprana tras el accidente cerebrovascular.

La aparición de la afasia puede causar problemas en habilidades como la expresión oral, manifestándose una incapacidad para expresarse verbalmente, o en la comprensión del lenguaje, no procesando una conversación, con dificultades para mantener la atención, para realizar rutinas diarias o incluso a la hora de transcribir la escritura. Desde el punto de vista comunicativo, un ictus puede conllevar falta de memoria, pérdida de la estructura espacio-temporal, cambios en la voz e incluso dificultades en la deglución, pues los problemas en la musculatura de la cara y en la laringe tras un ictus pueden impedir una ingesta de alimentos y líquidos de manera adecuada.

La logopeda del hospital San Juan de Dios de Tenerife, Miryam Mederos, explica que “ante la limitación que sienten muchos pacientes tras verse afectados con la afasia, tras el ictus, es frecuente que caigan en estados de cierta depresión, pues a raíz de esa falta de participación, por la incapacidad para interactuar en la vida social que conllevan estos problemas en la comunicación, tienden al aislamiento, a la degeneración comunicativa con su entorno, evitando situaciones que requieran relacionarse con los demás”. Es por ello que la intervención logopédica, en estos casos, es fundamental.

Cómo ejercitar la comunicación tras el ictus

La enfermedad cerebrovascular supone un problema de salud de primer orden debido a la elevada cifra de personas que lo sufren, además de ser la primera causa de muerte en la mujer y segunda en el hombre y de las altas tasas de discapacidad que puede originar.

Una vez instaurado el ictus, algunas personas llegan a recuperar total o casi totalmente los déficits que se producen, pero la mayoría presentan secuelas que deben ser rehabilitadas de una forma precoz, pues su calidad de vida va a depender de ello. El neurólogo y coordinador de la unidad de ictus del hospital San Juan de Dios, Jonathan López, indica que “tratándose de una patología de especial relevancia en nuestro entorno, el papel de la rehabilitación de la función perdida por distintos especialistas juega un aspecto crucial en el tratamiento del ictus”.

Si tras el ictus se detectan problemas en el habla, el logopeda ha de detectar el nivel de afectación por afasia para poder ofrecer sistemas alternativos o aumentativos de comunicación para la rehabilitación del lenguaje. Además, tras el ictus es frecuente la parálisis facial, lo que afecta a la movilidad de los músculos de la cara. En este sentido, el trabajo logopédico ha de encauzarse hacia el control de las secreciones salivares y la correcta articulación del habla. La disfagia, es decir, la dificultad al tragar, es otro de los problemas derivados tras el accidente cerebrovascular, debiéndose tratar mediante una rehabilitación miofuncional y adecuando la alimentación del paciente.

Desde el área de neurología y logopedia del Hospital San Juan de Dios hacen especial hincapié en el abordaje de la rehabilitación de la función fonatoria, comunicativa y deglutoria, pues será fundamental para evitar el aislamiento del paciente y para fomentar el mantenimiento de sus relaciones sociales y familiares, reduciendo al mínimo el impacto emocional en el propio paciente y sus allegados.